martes, 26 de julio de 2011

Dios donde hay dos, quiere que su Nombre salga - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 25-26-27


En Sueño Profético decían:

Para hablar de Dios tienes que sentir a Dios. Y para sentirlo tienes que amarlo. Estas palabras ya dichas no son mías, son de mi padre. Mi padre era un hombre premiado por Dios. También esto era suyo:

Yo soy un hombre
que Dios me tiene premiado.
En la noche y en el día,
siempre siento a Dios a mi lado.
En la alegría y en el sufrir,
no puedo estar sin llamarlo.
Pero antes que Lo llame,
es que Lo siento a mi lado.
¿Esto no es un premio de Dios:
el estar siempre llamándolo?

Hablaba mucho con unos vecinos que hacían corro en la plazuela que vivíamos, y todo giraba al Nombre de Dios, pues ninguno se molestaba por los consejos que les daba. Si alguno decía del futuro, él contestaba: “¿Tú has contado con Dios?”.

Si veía malos tratos, señalaba hacia arriba: ¡Eh, que te está viendo Dios!

Si veía una injusticia, se metía pidiendo perdón, y hacía caer en la cuenta, que si aquí haces injusticias, Allí, cuando te pregunten, te quedarás sin respuesta, porque Dios hace justicia aunque el hombre no la quiera.

Ya digo, mi padre era el que la palabra “Dios” siempre tenía en su lengua.

Desperté, oí:

No tienes que decir: “sí,
que este hombre a Dios amaba”.

Lo sentía con la fuerza,
que el Amor hacía que empujara.

Iba tan lleno de Dios,
que ese llenar rebosaba.

Rebosaba y no quería
que el rebose se ocultara.

Sabía que este rebose
podía librar muchas almas.

Hay veces que ves la fuente,
por el rebose que baja.

Y ya te marca el camino
la misma agua, sin habla.

Haz que rebose el Amor,
y Dios te dará palabras,
porque Dios donde hay dos,
quiere que su Nombre salga.


***