sábado, 30 de julio de 2011

Pídele a la Madre y te dará el Hijo - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag. 149-150


En Sueño Profético hablaban de la Grandeza que tengo escrita. Escrita por ella y dictada de Aquí. Decían:

Ese “Te Quiero”, con esa fuerza dicho, “Quiero a Dios Padre, Quiero a Dios Hijo y Quiero a Dios Espíritu Santo por toda la Eternidad”, esta afirmación, “Quiero”, no hay hombre que supere ni que iguale.

Y este “Padre Nuestro que estás en los Cielos, oye mis ruegos”, no hay quien lo achique al “Padre Nuestro”, resumiéndolo y haciéndolo grandioso. Grandioso sólo con decir: “Padre, oye mis ruegos”.

Espíritu entregado a Dios, Amor que es grande, y por ser grande, sobran palabras. Espíritu que Dios arroba, y la Esencia sustituye a las Palabras.

Y esta Salve, que ya está en boca de niños y enfermos, y aquí repito:

A Ti, Primer Sagrario de Dios
y Reina de todas las madres,
ruega por los pecadores.

“Sagrario”: máxima palabra de Amor. Y “Reina de todas las madres”: Reina en la Maternidad: grado máximo que Dios puso a la Madre que a Él amaba. Pues Ésta es Reina de todas. Y “Ruega por los pecadores”: Dios le dio más que a nadie para que Le pidiera, y sus ruegos alcanzarían el Perdón.

Desperté, oí:

Pídele a la Madre y te dará el Hijo.

Alabando a la Madre, te pones en comunicación con el Hijo, que es Dios.

Y si dices, “Quiero a Dios Padre, Quiero a Dios Hijo”, ya estás llamando a la Madre y la Madre al Hijo.

Y ya, “Padre Nuestro que estás en los Cielos, oye mis ruegos”, como final del Mensaje.


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