domingo, 31 de julio de 2011

Servir a Dios - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 166-167-168


En Sueño Profético hablaban de servir a Dios, de obedecerlo y de seguirlo.

Dijo uno:

Estas tres cosas son juntas: para Servirle, tienes que Obedecerle; y si Lo obedeces, Lo sigues. No puedes Seguirle sin Hacerle servicio, una vez que Él, cuando te manda, tú ya Lo seguías.

Dijo otro:

A Dios se puede servir de tantas maneras, que nadie puede decir: “Yo no sirvo a Dios porque no puedo”.

A Dios Le puedes servir espiritual, corporal y materialmente: espiritualmente, en tus oraciones; corporalmente, en el trabajo; y materialmente, con tus bienes. Todo esto es metido en el estuche del Prójimo. Dios se hace Prójimo para que acuda el que ama, y no se olvide del que de él necesite.

Por refrán tenía mi padre este refrán que aquí refiero: “No digas a Dios “no puedo”, que si quieres Él te manda Poder de Allí de su Cielo”. Este refrán lo decía al día varias veces, y mayoría de veces sostenía grandes polémicas; pero mi padre era de una fuerza para las cosas de Dios, que no admitía excusas; pronto quitaba el corro con estas palabras:

Decir no tengo tiempo
de hacer nada por Dios,
me resulta tan ruin
como aquello que quedó
inservible y sin valor,
que después de que no sirve,
te molesta hasta el color.

A Dios le puedes servir
cuando no te falte Amor”.

Desperté, oí:

Hay más que a Dios sirvan y puedan menos, que los que pueden y no sirven.

A Dios, cuando Lo sigues, es porque quieres que Dios te mande.

Y Dios, cuando te manda, es porque sabe que obedeces y Lo sigues.

El Amor a Dios te da tiempo, te lleva al Prójimo y cobras en la Gloria.

Pero te aumenta el salario como tú aumentas tus obras.

No digas “no tengo tiempo para las cosas de Dios”, porque el tiempo que tú tienes es que Dios te lo dejó.


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