jueves, 28 de julio de 2011

Caridad, Paciencia y Pereza - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 137-138-139


En Sueño Profético hablaban de la caridad, de la paciencia y de la pereza.

Dice Juan de Dios:

La caridad es la que junta a la paciencia y a la pereza. La caridad la manda el Amor a Dios. Sin Amor a Dios, no puede haber caridad, no puede haber paciencia, y sí mucha pereza. Con los enfermos se presenta mucho este último personaje, siendo un gran peso para tu comportamiento con el enfermo y el necesitado. ¡Cuántas veces, ya que me había marchado del sitio, iban otra vez a buscarme! Y es que al enfermo le cura según como tú le hables. Yo ya tenía por norma darle las palabras siempre envueltas de Dios. Aquí refiero un caso, que fue en un hospital:

Yendo una mañana visitando las camas de unos incurables, que yo hacía a diario, se acercó a mí una mujer y no la entendía llorando, ya que su pañuelo varias veces secó sus ojos; me dijo:

―Tú eres Juan, yo no te voy a pedir nada que tengas que ir fuera del hospital. Lo que te pido lo llevas dentro de tu ser, y sé que no se te acaba. Es, que vengas a la cama de mi marido, para que tus palabras entren por sus oídos y lleguen a su espíritu. Estas mismas palabras son las que mi marido me ha dicho.

Fue oír estas palabras y sentir a Dios dentro de mí repetir sin descanso: “Dad consuelo al afligido”. Aquí fue el Amor a Dios el que me llevó a la cama de aquel pecador, que estas fueron sus palabras:

―Primero quiero me perdone por quitarlo del enfermo que está solo. Yo, mi enfermedad no me da dolor. Es mi conciencia la que me atormenta por todo el mal que siempre he hecho. Si tú me dices que a Dios mejor agrado no pidiendo el Perdón, cambio mis palabras por pedir el castigo.

Tuve que llamar a Dios y abrazar al pecador ya perdonado.

Desperté, oí:

Aquí hay Amor a Dios
porque Juan se lo ha impregnado.

Pasaba todos los días
y miraba con cuidado.

Pedía sin conocerlo
y le miraba las manos.
La lepra ya le tenía
varios dedos amputados.

Dicen, que el primer día
que Juan pasó cerca de su cama,
le dieron deseos de decir:
“Si algún día le hago falta,
no tiene nada más que pedir”.

Él no se acercó
sin que lo llamaran,
por ver sobra de dinero.

Donde veía pobreza,
no esperaba la llamada.

Aprende de Juan de Dios
a dar caridad en palabras.

Pero primero ten Amor,
y ya el Amor se encarga.

JUAN DE DIOS


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