jueves, 7 de julio de 2011

El sufrir que da esa vida, es agua que lleva corriente abajo - Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 155-156-157


En Sueño Profético hablaban varios del Amor Divino. Decían:

Este Amor, el que lo siente, le quita sufrir. Yo diría que el sufrimiento viene de falta de amar.

Este Amor, como lo tengas en preferencia a todo lo que hay en el mundo material, te sirve con dobles fuerzas, como las compuertas de pantanos. El sufrir que da esa vida, es agua que lleva corriente abajo, que antes de que mires sus rizos, el agua ya ven en otro lado. Esto es lo que menos piensa el hombre, en la prisa que lleva el agua, que es la prisa de la vida, que tú aprisa la mandas.

Pues prácticamente el Amor, este Amor que Dios nos manda, ya vives la vida bien, una vida reposada, una vida con espera.

Dijo uno:

Hay tanta falta de aprender de Aquí, que el hombre cuando de Aquí le hablan, duda más que acepta. Esta es la justificación que clara puede tener el que Aquí viene.

El hombre no acepta nada del vivo que le diga: “Yo oigo hablar en Gloria”. El hombre lo acepta cuando otro le diga: “En el siglo tal, vivió este Santo; en el siglo cual, lo quemaron, le dieron martirios, y dice la lectura, que obedecía y ya lo vieron Santo. Pues así, según el hombre, tiene que ser tratado el que venga a pisar esta Gloria, que no pisa y sí adora. Adora la Palabra que el Creador manda. La manda su Poder y la ven en la carne del hombre, que esto es Dios sin Carne, Dios en el hombre, Lugar que su Amor espera.

¿Cómo va a querer Dios que aquí maltraten, si es la Vivienda de Dios?

Desperté, oí:

Siempre tendrá ahí Vivienda
este Dios que está en desprecio.

No puede faltar su Voz,
aunque el hombre dé desprecio.

Él tiene que publicar
la Vida que hay en su Reino.

Que a esto valor le da
el que aún viviendo en Tierra
oye a estos Vivos hablar.

Que hablan para que enseñen
no tener muerte jamás.

Que hablan para que vivas
amando cada día más.

Que hablan para que vivas
vida de Amor y de Paz.

El amar mucho a esta Gloria
te da gran felicidad.

Y ya vives esa vida
como préstamo que dan.

Si amas, pagas el préstamo,
con amar cada día más.

Y Dios te cobra los réditos
hablándote para enseñar.

Ama, que seas Vivienda
donde Dios quiera habitar.


***