domingo, 3 de julio de 2011

Ten y da - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 141-142-143


En Sueño Profético decían:

El que Dios habla en él, todo lo hace distinto a como lo hace el hombre. En la Caridad es donde mejor lo ves. Esta Caridad es pura actuación de Dios, es dar por Amor a Dios, dar con tanto Amor, que te sientes avergonzado y engrandeces al que recibe. El que recibe espera con alegría, no el salario, más la Palabra, Palabra repetida por el Comunicante y ya dicha por Dios.

Dijo uno:

Yo vi dar una limosna uno que Dios ya le hablaba, que la dio con tanto Amor, que tuvieron que detenerse todos los que por allí pasaban. No se pararon al ver cuando la limosna daba, se pararon al oír lo que el que recibió hablaba.

Esto lo refería el necesitado con el que se paró:

Aquel hombre que va allí me ha preguntado:

–Tú no tienes jornal porque tu cuerpo no puede trabajar, ¿verdad?” –éste tenía los pies doblados para adentro, y una mano, igual.

–No, vivo de lo que recojo.

–Pues ya no vivirás dando lástima a los que a Dios no aman. Toma esta carta, que más es documento, y siempre tendrás tu salario.

Esta carta decía estas palabras: “Por los servicios que en tiempos me hiciste, tengo que pagarte tal cantidad mientras vivas. Si yo muriera, ya te pagará el que me sigue”. Éste confiaba en que ya Dios le hablaría a otro, y seguiría dándole el salario que Dios le mandaba.

Despierta, oí:

Él sabía que Dios mandaría a otro, pero que amara.

Dios cogería otro Lugar que obedeciera a su Mando.

Dios le diría: “Ten y da”.

Y lo diría de forma que Lo vieran a Él.

Dios manda el salario con su Lugar, pero también con sus Palabras.

En la mayoría son más deseadas las Palabras que el salario.

El salario lo da cualquiera; las Palabras sólo Dios.

La caridad que hace el hombre no tiene comparación con la Caridad que hace el que Aquí trae Dios.


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