domingo, 10 de julio de 2011

Separación de Espíritu y Materia - Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag.


En Sueño Profético vi un río. Se quitó el río y apareció un sembrado de trigo. Rápido se quitó aquel campo y apreció una ciudad con edificios muy altos; se veía la gente con mucha prisa. Pasó todo lo citado como luz que enciendes y apagas. Y ya me vi en un hospital. Aquí, todos querían cogerme las manos, pero no tenían fuerzas.

Dijo uno:

Voy a explicar estos símbolos que con su visión está la Palabra de Dios:

El río y el sembrado, Dios los trae a su presencia. La ciudad también obedece al deseo de esta Gloria, para dar explicación luego en el Dictado del arrobo y contar la Visión como si hubiera visto espíritu y materia.

Todo viene a la Presencia de Dios, para que el arrobado sepa explicarlo.

Cuando vi el hospital, anduve como por una calle larga, y otra voz dijo:

Dios dice estas Palabras –sin nuestros espíritus–: “Todo viene a mi Presencia, menos la carne enferma que me llama y mi Padre Me manda. Yo estoy presente en el que no duda que Aquí no hay muerte”.

Ya hablaron otros:

Dios, todo está en su Presencia. Pero para enseñar, hace que el arrobado vea que Dios va al enfermo.

Desperté, oí:

Esta separación de espíritu y materia es de una elevada enseñanza. Esto no lo pueden oír personas que no han oído hablar a nadie de Aquí.

¡Cómo manda el mismo Dios, sin espíritus que digan: “Vengo en el Nombre de Dios”!

Todo trae a su Presencia, y al enfermo te lo deja.

Si al enfermo llama allí como al río y a la ciudad, toda la carne moriría sin vivir la Libertad.


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