sábado, 2 de julio de 2011

El que Me ame, no quiero que sea incrédulo - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 176-177


En este Sueño Profético hablaban del que no ama a Dios y del que no cree en Dios.

Decía uno:

No amarlo es peor que todo. El que no cree está en espera de que le diga el que mucho a Dios ama: “¿Ves como hay Dios? ¿Ves como el Poder de Dios ha hecho esto o aquello?”. Pero el que dice yo creo en Dios y no Lo ama, éste, su espera no es envidiada.

Yo viví estas dos escenas: uno, que al Maestro no amaba; y otro, que dudó del Poder de Dios, nuestro Maestro. El que dudó del Poder de Dios sin Materia, a Dios un poco enfadó. Pero el que convivía con Él y sabía que era Dios y no Lo amó, éste no tuvo palabras ni disculpa ante Dios Hombre. El que dudó, luego, más amó al oír estas Palabras dichas por el mismo Espíritu de Dios: “¿Ves, Tomás?, aquí fue donde me dieron con la lanza. El que Me ame, no quiero que sea incrédulo” –y dejó ver su Pecho y Costado.

Al que no Lo amó, no le habló el Maestro, él dio fin a su Materia, y su espíritu quedó sin Dios.

Desperté, oí:

Ama mucho y no dudes de todo lo que haga Dios.

Si a Dios mucho amas, no Lo disgustes por ser incrédulo.

Pero si no Lo amas, tú no Lo disgustas, tú es que te apartas.

Si eres incrédulo, puede que Él te hable como a Tomás. Y si no Lo amas, como Judas quedarás.

Un Discípulo de Dios Hombre.


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