sábado, 16 de julio de 2011

La aldea de “Cielo en Tierra” - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 21-22


En Sueño Profético decían:

A Dios no puedes quererlo y que nadie vea que tú Lo quieres.

A Dios, cuando ya Lo quieres, tu vida lo va publicando.

A Dios no puedes quererlo y vivir camino contrario.

Hay cosas que sin palabras, siendo silencio “na” más, llevan un certificado
por cada sitio que van.

El querer a Dios te hace que quieras lo que no quiere el que a Dios no ama.

Dijo uno:

Yo vivía en una aldea y allí todos querían a Dios; lo que uno decía, estaban siempre todos de acuerdo. Había más aldeas junto a aquélla, pero aquélla era como ninguna. La bautizaron con el nombre de “Cielo en Tierra”. Se oía mucho: “¿Tú no has ido a la aldea “Cielo en Tierra?”. Pues ve, que allí vives Gloria. Los que trabajaban, contentos y temprano empezaban su faena. Los chiquillos se juntaban cada uno con su rebañillo; cogían juntos la hierba y la leña; se repartían su comida, que ya, la que podía echaba más, para que el más necesitado se reenganchara a éste que llevaba la que no podía comer; había un portalón donde a diario se reunían los viejos contando lo que ya no vivirían, pero traían su recuerdo y vivían paz. Tiempo de frío: lumbre. Tiempo de calor: sillas a la puerta y jarra al lado.

Desperté, oí:

Esta aldea te demuestra
lo que es querer a Dios.

El silencio, al querer,
te lo descubre este Amor.

Allí no se oían riñas,
allí eran todos buenos.

Vivían presencia de Dios,
la paz era lo primero.

Lo segundo era buscar
al que no tenía sueldo,
y a poquito ponían “tos”,
y ya tenía sustento.

La enfermedad y la muerte,
aunque a uno le viniera,
toda aquella vecindad,
muerte, enfermedad, sentían.

La aldea de “Cielo en Tierra”,
se cundió y conocían.

No tenían ningún misterio,
era que a Dios “tos” querían.


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