martes, 13 de septiembre de 2011

Cárcel sin centinela - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag. 164-165-166


En Sueño Profético hablaban de cuando sientes el Amor de Dios.

Decía Agustín a Domingo, y Teresa a Tomás. Y Juan Bosco se inclinaba a unos que su nombre no me dan. Empecemos por Domingo y Tomás.

Dijo Agustín:

Yo, Domingo,
de esto podría hablar,
para que el hombre viera
cómo tenía que amar.

Hablaría con razones,
que me tenían que escuchar:

¡Este Amor no tiene sexo,
ni tampoco tiene edad,
ni tiene disculpa alguna
para que no puedas amar!

¡Este Amor es algo que entra
y que tú no puedes echar!

Yo te digo esto Domingo
porque contigo puedo hablar.

¡Este Amor que si te quema,
quieres que te queme más!

Respondió Tomás:

Después de todo esto dicho,
no puedo decir yo más,
es que me faltan palabras
para esto descifrar.

Contestó Juan Bosco:

Pues si tú Tomás,
que eres extracto intelectual,
no puedes decir qué sientes,
para poder comparar
cuando es amor que pasa
o Amor de esta Eternidad...

Desperté, oí:

Yo, mientras ellos decían
cómo sentían a Dios,
disfrutaba de alabanzas
en esta Gloria de Dios.

Este Amor es para sentirlo,
aunque fueras pecador,
y tus pecados ya lloras
y no puedes pedir perdón,
porque el llanto te prohíbe
las palabras y la voz.

Es un Amor de locura,
locura pero de Dios,
locura que más te acerca
a que hagas oración.

¡Este Dios que no te obliga
a que Lo ames ni quieras!

¡Qué Amor te da en su Mirada,
que de Amor te sientes presa!

Yo creo, que al no obligar,
ya te está metiendo presa.

¡Ay Cárcel de mi Señor!
¡Ay Cárcel sin centinela!,
que te entras porque quieres
y no puedes vivir sin ella!

TERESA DE ÁVILA


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