sábado, 24 de septiembre de 2011

Nunca un Elegido falte - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 90-91


En Sueño Profético vi un sitio como medio redondel. Estaba lleno de Dominicos.

Dijo uno:

Los ruegos en esta Gloria son constantes, pidiendo al Padre la publicación. Nosotros rogamos y el Padre otorga.

Dijo una mujer:

–Yo, Catalina de Siena, a la Orden adoré.

–Yo, Agustín de Mónica, lo que tuve lo entregué.

Dijo Tomás y Domingo:

–¿Cómo puedes tú creer
que quien ame la Teología,
no busque a esa mujer?

Mujer, varón o chiquillo,
cualquiera podría ser,
cualquiera que Dios quisiera
que fuera Lugar de Él.

Lugar, que allí Dios le habla
para el que quiera saber de Él.

Ya éstos habían hablado mientras todos silencio guardaron. Se oyeron varias voces de quienes retirados estaban, y fue apartando a todos para que yo bien lo viera o sintiera, porque en la Gloria de Dios, unas veces lo ves todo; otras veces no ves nada, pero vuelves a la materia con tu alma ya impregnada de esta Gloria que no siente aquél que a este Dios no ama.

–Yo soy Álvaro y los míos, todos los que me siguieron, que ahí estábamos juntos, y Aquí juntos estamos en el Cielo.

Desperté, oí:

Pues ahí no era vivir,
por el deseo que teníamos
de mandar espíritus Aquí.

Hoy somos abundantes en ruegos.
Maitines de madrugada
hacemos en esta Gloria.
Y cuál será nuestra alabanza,
que en vez de hacer ya ruegos,
hay días que damos gracias.

Gracias, para que en la Orden,
nunca un Elegido falte.

Sea hombre, mujer o niño,
pero que la Orden busque,
busque con ansias de Dios.

Con ansias de publicar,
con ansias de ser mejor,
con ansias que sepa el mundo,
que vive y que Vive Dios.


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