jueves, 29 de septiembre de 2011

Para que Dios pusiera en mi camino el que había pecado - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 63-64-65


En Sueño Profético hablaba Agustín de Mónica. Decía:

El hombre sigue pecando, a veces por no encontrarse con uno que mucho pecó y ya no peca, o por no buscar donde Dios está hablando.

Hombre que mucho pecó y ya no peca, se verá si dejó de pecar por Dios o por el castigo del hombre. Si dejó de pecar por pena al sufrimiento que a Dios le daba, éste, su vivir ya es por quitar quien esté pecando.

Yo, mi primera oración era para que Dios pusiera en mi camino el que había pecado y el que pecado estaba haciendo. El que había pecado le enseñaba cómo pedir a Dios para que lo recibiera con los íntimos de su Gloria. Y el que pecando estaba, probaba a decirle:

¿Por qué no pruebas
a vivir sin pecar?
Y ya, cuando vivas bien
y te notes esa Paz,
buscarás al que te ayude
a poderte confesar,
confesión que tú ya hiciste
de rodillas ante el altar.

¡Que antes miraste al Cielo
implorando Caridad!

En esto se ve
el que deja de pecar
por no hacer sufrir a este Dios
que te dejó en Libertad,
para si querías, Lo amaras
y dejaras de pecar.

Cada vez que yo quitaba
a un pecador de pecar,
lloraba noches enteras,
pensando sin descansar
quién me diría: “Agustín,
a Dios Le vas a ayudar
haciendo una buena pesca,
retirando de pecar”.

¡Qué reposo da tu espíritu
cuando te abrazan diciendo:
“Tú tienes algo de Dios
que a mí me está convirtiendo
en que deje de pecar
y pida Perdón al Cielo”.

Desperté, oí:

No llores si ayer pecaste
y hoy ya miras al Cielo.

Pero sí llora, si sabes
que alguien busca consuelo,
porque pecado no quiere
y pecado está haciendo.

Los pecados del que peca,
muchas veces son pecados
de aquél que pecando deja.

Hay gente que peca más
porque no tiene contacto
con quien ama de verdad.

Por Agustín me conocían,
y por Agustín me conocieron,
por tantos como metí
en este Grandioso Cielo.

Si te quitas de pecar,
ofrécele a Dios mandarle
pecadores a “bandás”.

Porque Dios te perdonó,
y tú bien poco Le das.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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