sábado, 17 de septiembre de 2011

El Pozo - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 51-52-53


En Sueño Profético vi un pozo que su agua rebosaba turbia, del color de la canela, y había quien pasaba sed y no bebía. Luego vi otro pozo que sus aguas eran transparentes, y de su rebose daba llamada su sonido. Apareció un hombre y dijo:

Un día, cuando íbamos con el Maestro, vimos este pozo, que su agua es turbia –y apareció el primero–, que muchos la miraban deseosos de beberla, pero el temor a la enfermedad, los detenía. Se acercó el Maestro y les dijo a los que con sed miraban sin atreverse a beberla:

– ¿Cómo estáis queriendo beber esta agua, cuando más abajo habéis pasado por el pozo milagroso, y no habéis bebido?

Ya sabía el Maestro lo ocurrido y la contestación que éstos dirían.

Dijo uno:

–En ese pozo no beben los que no pagan, y yo venía con éstos, y no había dinero para todos. Yo, antes de beber y hacer pecar, prefiero morir sediento, y ya Dios responderá.

Otra vez dijo el Maestro:

–Id al pozo que atrás habéis dejado, y ya no os dirán que no bebáis, porque el milagro, ahora es cuando mi Padre lo ha hecho. Cuando lleguéis, buscad al dueño, y decidle que quite la reja, que el milagro lo estoy haciendo yo en este pozo.

Fue terminar sus Palabras, y salir el agua con obediencia de claridad y con alboroto de júbilo, hecho este mismo alboroto por la fuerza del agua. Se inclinaron primero ante el Maestro, y luego para beber el agua. Cuando ya bebieron y algunos se enjuagaron sus ojos, les dijo el Maestro:

–Id y venid, que aquí esperan mis Discípulos para que les digáis el colorido del rebose del agua que para siempre llevará la maldición de mi Padre.

Desperté, oí:

Cuando llegaron al pozo,
había ya caravana.

Caravana de gentío,
de todo el que llegaba diciendo:
¡Del pozo turbio,
cristalina sale el agua!

¡Venid, que allí es de balde!
¡Comparemos una jarra!

Y cogiendo una jarra llena,
fueron al pozo que allí
sí fue el milagro.

Todos pudieron comprobar
un prodigio más del Cielo.

Los que vendían el agua
como gran medicamento,
no amaban a Dios del Cielo,
y ofendían al Maestro.

Los que del pozo salía el agua
con propio color de cieno,
sufrían cuando pasaban
sedientos los jornaleros.

Éstos amaban a Dios,
y Dios deja allí su Sello.

Que el manantial se quedó
despreciado por los cuervos.

Despreciado por los cuervos,
que no desprecian olor,
ni color aunque vean feo.


***