lunes, 29 de septiembre de 2014

Analfabeto de la primera Enseñanza

En Sueño Profético decían:

Vive el hombre por Dios, y ¡qué poco nombra el hombre a Dios!

A más cultura, más querer que el Nombre de Dios quede como algo que perteneció a otros tiempos. Cuando debía de ser, el hombre que no practicara la Palabra de Dios, tener forzoso un documento con estas palabras: “soy analfabeto de la primera Enseñanza”. Y con este documento, que no pudiera entrar en sitio que diera mala enseñanza. Aunque él a Dios no amara, pero que fuera una exigencia del hombre, como las muchas que el hombre tiene que cumplir, aunque este cumplir le moleste. Pero mientras las cumple, se está acordando de cómo tiene que comportarse para ser un buen ciudadano.

Si esto lo hace el hombre y lo exige para el cuerpo, que da servicio un poco tiempo, ¿qué debe de enseñar y exigir al espíritu, que es eterno?

Dios no puede porque es Dios y quitaría Libertad. Pero el hombre, exigir la Enseñanza de Dios y practicarla, sería un deber normal que hasta debían de exigirlo los cristianos.

Desperté, oí:

Esto no sería pedirle al hombre, ni exigirle que amara a Dios y a su Gloria.

Esto sería un deber del hombre: enseñar los peligros del espíritu, igual que se enseñan los peligros que matan al cuerpo y los peligros que te apartan de vivir con hombres buenos.

Esto sería enseñar a vivir Dios primero que todo.

Si pones el Nombre de Dios en tu boca, y si Esto lo oyen amándolo, este Nombre ya se cunde y Vida te va dejando.

Dios es la Vida que deja al cuerpo que vas llevando.

No hay saber ni invento que a Dios Le quite este Mando.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 217-218-219