lunes, 1 de septiembre de 2014

Ni la leen ni la estudian

En Sueño Profético decían:

Es alegría sin poderla comparar, decir: “Mi espíritu lo llevan a la Gloria cuando mi cuerpo no está muerto para el hombre, cuando el espíritu aún no ha tenido llamada para el Juicio Final”.

Es alegría grande el despertar de un arrobo, que si Dios no lo explicara, ¿quién lo podría explicar, para que de él aprendiera el que da clases en la universidad, o el que nunca ha pisado una escuela y su firma en el dedo está?

Es alegría grande vivir donde sale la vida y, una vez que deja el cuerpo, donde tiene que ir.

Es alegría grande aunque tengas que sufrir. Que el sufrir ya lo da el hombre cuando empieza a desmentir, cuando sus ideas diabólicas empiezan a perseguir, y a formarle gran muralla, que el paso no puedes seguir. Pero la alegría sigue, que es la que te hace seguir, y haces brecha en la muralla y pasas aquel sufrir; que el hombre hasta ve calma en la forma de sufrir; que la calma es la Paz y el contacto de Aquí, que Dios le tiene a su espíritu para poder desmentir.

Dijo uno:

Tiene fracaso rotundo el que no quiso ni quiere que Dios haga, a este espíritu, Profeta; donde Él da sus Palabras como las dio antes de bajar a la Tierra. Baja, y Él se dice Profeta, porque el Padre en Él habla.

Desperté, oí:

¿De qué les sirve a los hombres
tener escrita por Dios
su Santa Palabra?

¡Si ni la leen ni la estudian!

¿Por qué no ponen este “no”,
con letras grandes, al pecado?

¿Por qué no van persiguiendo
lo que Dios tiene mandado?

¿Por qué no existe recato
para no perder la Gloria?

¿Por qué no premian al que ven
llevando misericordia?

¡El que no vea estos porqués,
está lejos de la Gloria!


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Capítulo 5