martes, 9 de septiembre de 2014

Hazte tasador de espíritus

En Sueño Profético
hablaban de la experiencia,
de la sabiduría del hombre
que su saber es de letras
de otro hombre que escribió
y presentó unas reglas
que, a largo o corto tiempo,
otro hombre las reforma.

Hablaban del tasador
que valora lo que no tiene valor.
Citemos unos objetos
que servicio no te hacen,
como le pasa a un lienzo
que cuelga de la pared,
y hasta se pasan los años
y aquello ninguno ve.

Pero tasan en millones
aquello que muchos pueden hacer
y que no tiene sentido
para aquel precio tener.

¿Se puede decir hombre sabio
al que pague un caudal
para colgarlo en un clavo?

Si el hombre pensara esto,
se sentía avergonzado.

Estos que hablan son filósofos
que ahí vivieron enseñando
a valorar lo que baja de este Cielo.

Uno era de una aldea,
y lo buscaban los académicos,
porque palabra que daba,
era para un testamento.

Decía:

¡Dale valor a la tierra
que te cría el alimento!

¡Dale valor al agua,
que sin ella eres sediento!

¡Dale valor al oxígeno
que Dios te manda del Cielo
como todo lo que he dicho!

Que a todo lo que te manda,
no puedes ponerle precio.

Si una simple silla hablara,
cuando la coge el cansancio
y hasta la arrastra con ira,
¿qué diría la silla al cuadro?:
“A mí me arrastran.
A ti te miman”.

Desperté, oí:

Este hombre de la aldea decía:

Tiene que llegar el día
que el hombre dé más valor
a aquello que más le sirva.

La ropa, cuando te abriga,
y la misma cama,
el servicio que te hace
cuando el cuerpo está enfermo
y la cama necesita.

Un simple bastón
que el servicio te está dando
cuando vas de un lado a otro
y no te ofrecen un brazo
usando la Caridad
que Dios al hombre está dando.

También, si el bastón hablara,
¿qué le diría al cuadro?

Pues ahora haz comparar
con el que lleva Palabras
de la Gloria Celestial.

Dale valor a lo que sirva
a tu espíritu primero.

Luego, a la ropa y a la comida,
para que viva tu cuerpo.

Hazte tasador de espíritus,
de los que llevan al Cielo.

Y no le des el valor
a lo que en un segundo
puede acabar con él,
que es el agua y lo sucio.

En cambio, cualquier metal
o la piedra trabajada,
si se ensucian,
el agua los limpiará.

Si estudias este Mensaje,
tú, filósofo te harás.

Porque filosofía es pensar
aquello que no piensan los demás.


***

Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pag. 95-96-97