jueves, 18 de septiembre de 2014

Ciegos, paralíticos y mudos

En Sueño Profético decían:

El hombre, cuando puede hacerle servicio a Dios, no Lo busca por temor a que le mande; que si pensara en este mandar, no habría premio que pudiera compararse, si pensara: “Él le manda a mis pies a que anden, y a mis ojos les da vista, y a mi lengua para que hable. ¿Qué le podría pagar, si esto tuviera que pagarle?

Pues seguro que hay ciegos, paralíticos y mudos, que hacen servicio a Dios y Le cumplen Evangelio, y les dan buena lección a los que podrían hacer un gran servicio a Dios, en ir por lejos caminos, llevando el Nombre de Dios.

Dijo uno:

El hombre le sirve al hombre, y no Le sirve a Dios. El hombre se cree que es suyo todo lo que es de Dios. Por qué no piensa un momento:

¡Quedarme yo ciego, paralítico o mudo...!

¿A quién le pediría el favor, para vivir en el mundo como aquel que veo corriendo?

Esto diría el paralítico: ¿Y el mudo que a otros viera, con esa facilidad, que a su lengua, las palabras sonido dieran…? ¿Y ya el ciego que tiene piernas y habla, y no se puede mover sin lazarillo que vaya...?

Si el hombre pensara esto, a Dios buscaba para que servicio le mandara.

Desperté, oí:

Pídele a Dios que te mande,
cuando tus piernas se muevan,
tus ojos vean y tu lengua hable.

Porque será gran sufrir
el que a esto le falte
y antes no quiso servir.

No es trabajo el trabajo
que has trabajado por Dios,
cuando pienses que trabajo
es hacer algún servicio a este Dios.

¿Cómo diría el paralítico,
que a andar empezara:
“Maestro, yo no te sirvo”?

¿Crees tú que al paralítico
le saldrían estas palabras?

Pues piensa hacer servicio
sin camino ni distancia.

Que siendo Mando de Dios,
ni sale el “no”, ni te cansas.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 48-49-50