miércoles, 3 de septiembre de 2014

Dos mandos en un mismo cuerpo

En Sueño Profético hablaban del espíritu y la carne:

“Cuerpo temporal. Espíritu eterno. Cuerpo al que le das preferencia, y al espíritu desprecio. Cuerpo que hace presencia de lo que manda el espíritu”.

Hablaban de dos mandos, pero en un mismo cuerpo. Hablaban de la rapidez del espíritu y la lentitud del cuerpo. Decían:

Según haga la acción el cuerpo, ha sido el mando del espíritu.

Todo lo que es de Dios y por Dios lo haces, es obra buena y acción de ejemplo. Esto es mando de espíritu que a Dios contenta.

Todo lo que no sea hecho para Dios, di y piensa: “esto es mando de un espíritu que no es de Dios”. Este espíritu llega, con su mando, a retirarte de Dios.

Dijo uno:

El hombre cree que el cuerpo es el que manda. El hombre cree en todo lo material, vea o nunca haya visto ni jamás pueda ver.

Pero en lo que a él le deja la vida y al nacer le dijo: “Vida, vive en el cuerpo”, en este Dios, Poder y Mando, cree poco el hombre.

Desperté, oí:

Hace falta hablar del espíritu
como se habla del cuerpo.

Y lo mismo que se piensa en el mañana,
por si llegas a ser viejo,
pensar con muchas más ganas:
“esto no lo hago
porque el Cielo lo pierdo”.

Si piensas en la vejez,
que es fea, triste y corta,
¡cómo olvidarte de Dios,
que te regala la Gloria!

Si el hombre pensara esto,
preferiría al espíritu
y olvidaba lo del cuerpo.

El cuerpo tiene final,
el espíritu es eterno.


***

Libro 19 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 60-61-62