sábado, 27 de septiembre de 2014

Reformar a Dios

En Sueño Profético hablaban del espíritu y de la reforma que el hombre estaba siempre intentando: reformar su Leyes, que esto era reformar a Dios. Decían:

La Ley del espíritu es la que tiene que hacer la carne, pero el espíritu no va vivir al mando de la carne. Vivir el espíritu al mando de la carne, es separación de Dios.

Dijo uno:

Si lo eterno es el espíritu, justo es que vivas Ley de espíritu. ¿Cómo vas a cortar el dedo y cuidar el anillo; dar palos a la cabeza para mantener los rizos? Esto es lo que intenta el hombre con sus grandes adelantos, que le mande la carne al espíritu, y ya Dios quede anulado. ¿Cómo puede el hombre pensar que hay otra vida, y que la Ley del hombre, con la carne queda enterrada? La Ley del espíritu es Aquí presentada con el espíritu, o la ley que no fue aceptada; por eso es fracaso la Ley de Dios reformada. ¡Que reforme el puente dejando el agua clara! ¿De qué serviría el puente si el agua enturbiara, no para un día, sino para siempre, y que esa agua sirviera para beberla los hombres?

¡Qué adelanto en fracaso! Este sería su nombre. Pues cambiar a Dios sus Leyes, es animal de los montes, porque el domesticado sabe esconder los dientes, por tenerlo enseñado aquel que dueño se siente.

Desperté, oí:

Tiene que poner el hombre,
aunque a este Dios no quiera,
sus Leyes, y que las cumpla
mientras viva ahí en la Tierra.

El que con Amor las cumpla,
luego tendrá Vida Eterna.

El que las cumpla por ley

y sin querer a la Gloria,
a la Gloria no se viene.

¡Pero tampoco se muere!

Él se entrega a los espíritus
que amigos fueron de ellos.

Ponían en la Gloria
ejemplo tan claros,
que claridad molestaba
y tenías que aceptarlos:

¡Que cuide primero el hombre
el cuello que la corbata!

¡Y que no bese el fúsil
después de que salgan balas!

¡Que se avergüence el decir:
“De Dios no se habla en mi casa”!

Son pocos
los que practican las Palabras

que jamás Dios cambiará,
aunque el hombre

sus Palabras no las quiera.

Cuando vivan sin el sol,
sin el agua y sin la tierra,
les cambiará las Palabras.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 67-68-69