jueves, 3 de junio de 2010

El bien y el mal están en guerra - Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - Pag. 3-4


En Sueño Profético hablaban de la Enseñanza del Espíritu y de la enseñanza del Cuerpo. Decían:

Enseña más la acción que la palabra. Si la acción es trabajosa, da silencio y deja Enseñanza.

El Espíritu de Dios su acción es humilde, fuerte, y al cuerpo lo guía por el camino que a Dios Le agrada. Si éste no le agrada al hombre, ya no es de Dios el que ponga otra enseñanza.

El bien y el mal es día y noche; sequía y mar; niño y hombre; oveja mansa, león en selva que a un domador no vio jamás; liebre y tortuga que a las dos pegas para que corran; gigante y enano que son amigos y ves hablando.

Pues más diferencia tiene el bien y el mal que todo lo que se ha nombrado.

Por eso, el que Dios dice “Ve, toma mi Mando”, no pueden decir que es hecho inventado, porque lleva acción con grandes destellos que Dios va mandando. Es acción de Paz sin oír protesta ni decir “me canso”. Y en medio de acción, el Nombre de Dios sale resonando.

Desperté, oí:

El bien y el mal están en guerra,
pudiendo el mal.

El mal anda suelto y reforzado
para ofrecer hacer pecar.

Si el bien el hombre lo practicara,
iba enseñando a Dios amar.

Que es lo que hace falta
para que el hombre exija Paz.

Si la acción la hiciera el hombre
y siempre mirando al Cielo,
el mal se iba achicando
y agrandándose lo bueno.

Porque la acción que Dios manda
es cumplir sus Mandamientos.

Esta Enseñanza debía de estar
en grandes letreros.

Y que el Mundo se enterara
que Dios es Vivo, no Muerto.


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