sábado, 12 de junio de 2010

Señor, Contigo quiero todo, sin Ti no quiero nada - Libro 47 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VI - Pag. 42-43-44


En Sueño Profético se oían estas palabras:

“Señor, Contigo quiero todo, sin Ti no quiero nada. Señor, que por mucho que yo sufra, que no diga: Señor, ¿por qué me pasa este sufrir? Que si yo pensara esto, sí era sufrir”.

Dijo uno:

Estas palabras son de este Elegido. Que antes de ser Elegido hace siembra de paciencia; lo torcido lo pone derecho y a Dios coge de Refugio, pidiendo Mando para levantar al caído. Amando, más fuerzas Dios te manda. Que esto se ve en las vidas de los Elegidos. No hay Elegido por Dios que el hombre no le haya hecho grandes sufrimientos. Y es que son pocos los que quieren saber de Dios en estos tiempos. Tiempos de cultura y crimen, de romper los Mandamientos, que aquí entra todo lo que Dios le pide al hombre para no perder su Reino.

El que el Amor de Dios sienta, ama a los Mandamientos. Porque piensa: “Si esto es Mando de Dios, ¿cómo yo lo voy a romper o reformar?”

Desperté, oí:

Si hay Amor, no rompes los Mandamientos de Dios.

Los entras en tu espíritu, y tu cuerpo va diciendo “soy de Dios”.

Pero, ¿cómo romper la Palabra de Dios?

Hombres cultos, que deberían de poner estudios para enseñar las Palabras de Dios o de Satanás.

Que estos espíritus, de muchas maneras, llevan a pecar.

La alegría que vaya siempre delante, dando escándalo de lo que Dios hable.

Se ve la Fuerza de Dios en la petición que vas haciendo.

Cuando no tengas remedio tienen que llorar los que pudieron hacer y no hicieron.

Que ya hay muchos que perdieron el Cielo.

Aquí no llega la lástima, porque ellos lo quisieron.


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