viernes, 30 de julio de 2010

Enfermedad maldita - Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - Pag. 231-232-233


En Sueño Profético hablaban del pecado, cuando tú ves que es pecado; cuando tú piensas, ¿por qué he pecado?, cuando tú te sientes de Dios retirado; cuando tú quieres pedir a Dios y te sientes avergonzado, y el remedio no lo ves, por lo mucho que has pecado. Tú mismo, sin querer pecado, no te alejas de él, por no merecer ser perdonado.

¡Esta enfermedad maldita, te ofrecen curarla con más pecado!

Yo, como tanto oí, después de dejar pecado, mis palabras enseñaban y a veces salían llorando. Que esto no es cobardía, que es la fuerza y el arrepentimiento que están luchando. La fuerza, de lo que te llevó al pecado. Y el arrepentimiento, cuando en Dios has pensado, cuando lo malo no ves mal hecho.

En mi cabeza tenía escrito aquellos momentos que me llevaron al pecado. Cuando me pude quitar, yo perseguía al pecado, aunque oía palabras que me hacían mucho daño. Cogía libros de estudio que mi uso me habían dado en mis primeros estudios y tenía que dejarlos. Oía hasta mi nombre con estas palabras:

“Agustín, tú ya estás condenado”.

Deprisa cerraba el libro y me ponía las manos en la frente, y veía todos los caminos cerrados. Yo pedía con exigencia castigo o perdón.

Desperté, oí:

Cuando pensaba el pedir que a Dios yo hacía, también me mortificaba el espíritu maldito.

Pero me venía más fuerza para que odiara el pecado y pensara a lo que Dios bajó a la Tierra.

La primera vez que oí, sin oír de Dios palabras, yo ya no era Agustín, era una fuerza que aparta, que sin ver ni oír, sabes que del Cielo baja.

Mi Enseñanza la cundí cuando la Tierra pisaba, y hoy que estoy Aquí, Dios me manda que dicte estas Palabras.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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