viernes, 28 de enero de 2011

Nadie da mejor tu voz que la que dará tu cuerpo - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 4-5


En Sueño Profético decían:

No hay mejor para la enseñanza, que puedas preguntar al profesor.

Este hecho que Aquí cuento fue en Vida de Jesús, el Salvador de los hombres:

Estando un día todos los Discípulos con el Maestro, llegaron unos hombres y Le hicieron esta pregunta:

–Maestro, si te preguntan si eres Dios, ¿Tú dices sí, o dejas el sí para que lo diga otro?

Miró el Maestro a sus Discípulos y contestó:

–¿Quién de vosotros sabe que soy Dios mejor que mi Padre, que se ha hecho Hombre y está hablando en Mí? ¿Y quién podrá hablar de mi Padre mejor que Yo, que me he hecho Hijo y ya conocéis a los Dos?

–Si mi Padre baja a la Tierra sin hacerse Hijo, dejo el Cielo sin Dios, y mi Padre es del Cielo.

–¿Quién va a hablar mejor de Dios Padre, que Dios Hijo, mejor que el Único Dios?

–Yo he venido para la Salvación del hombre, y mi Nombre es Dios.


Desperté, oí:

Nadie tenía derecho a decir que era Dios, como el mismo Dios Padre, Dios Hijo.

Luego, el Espíritu de Dios Hijo hablaría en ellos. Entonces sí era el hombre el que diría: “A mí me habla Dios; en mí, Dios habla al hombre”.

Ningún hombre podría saber mejor que estos hombres si Dios bajaba en Espíritu a su carne.

¡Buena lección dio Dios Hijo,
y buena lección aprendieron!

Si no tienen Profesor,
no se quedan en silencio.

Nadie da mejor tu voz
que la que dará tu cuerpo.

Y no hay mejor contestación,
que conteste el propio Dueño.


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