martes, 4 de enero de 2011

Saber enseñar - Libro 4 - Te Habla el Profeta - Tomo I - Pag. 102 - 103


En Sueño Profético decían:

Hay quien ama y enseña a amar con su actuación, pero no sabe enseñar con palabras. Todo el que enseña tiene que ser antes enseñado por uno que bien sepa –esto, en lo material–.

Dijo uno:

Hay quien sabe y luego no sabe enseñar. Cada persona tiene distinta capacidad. Cada persona necesita distinta enseñanza, aunque sea la misma enseñanza. Pues el que sepa esta Enseñanza es el mejor profesor.

Las cosas espirituales, para enseñarlas con exactitud, tiene que enseñarlas el que Aquí es enseñado.

Luego ya queda esta Enseñanza para que vaya de unos a otros.

Al que ama le hace falta esta Teología para que su enseñanza siempre sea igual que cuando Dios Padre enseñó por los Profetas al hombre antes de mandar al Hijo. Aquí se dice Mandó. Ahí, Venida del Salvador.

Para que siempre sean justas Palabras, tiene que ser oír al que Aquí Dios trae, y hacer Libros que tengan continuación con los anteriores dichos por Dios en boca del Elegido.

El que Aquí está enseñado, enseña distinto que otro que Aquí Dios no haya traído, aunque éste tenga gran Amor, porque que este otro nunca conocerá a los espíritus, ni con el Mando de Dios apartará sin que le quede desasosiego ni lo atormente el espíritu del mal; nunca sabrá aconsejar la verdad o la mentira de la Visión, y hasta pudiera ser engañado por mando de Luzbel. El que su espíritu tiene contacto con espíritus sin materia es siempre avisado.

Desperté, oí:

Siempre que Dios hace ArroboDesprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75)
es para que aprenda el hombre.

No hay quien pueda decir
lo que no ha visto, y decir:
esto me lo han dicho en Gloria.

Pronto Dios lo dejaría
sin habla y sin memoria.

Dios deja que engañe el hombre,
pero ya en distinta forma.

En forma tan conocida,
que en sus hechos no hay Gloria.

Al que Dios enseña Aquí,
Dios ya lo lleva a su Historia.

Ya puede el hombre decir
no son Palabras de Gloria.

Pero Dios con su Poder
es defensor del que arroba.


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