jueves, 6 de enero de 2011

Palabras de ayer, Palabras de hoy - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 257-258-259


En Sueño Profético decían:

¡Qué misterio es Dios para el hombre! ¡Y qué poco normal ve el hombre que Dios viva en el hombre! ¡Cómo se olvida el hombre de cómo es Dios! ¡Cómo desconoce su Poder! ¡Cómo lee los Evangelios sin que estos Evangelios le sirvan para nada!

Dios dejó sus Palabras escritas, y estas mismas, puede comprobar el hombre, cuando hable en un Lugar, que son Palabras del mismo Dios. Dios, sus Palabras, son de Eternidad, Palabras de Amor, de Curación y de Perdón; Palabras de ayer, Palabras de hoy, Palabras que el hombre no podría anular por más esfuerzos que hiciera. Cuando Dios da su Palabra a la materia que Él quiere, ya ésta dirá Palabras de una gran inteligencia.

Dijo uno:

Yo oí hablar a uno, que Dios era el que en él hablaba, que por sencillas que fueran, destacaban sus Palabras:

“Las Palabras que Dios dice, su nombre es Evangelio, que con dos Palabras solas, ya piensas en Dios del Cielo”.

Estas Palabras decía cuando lo querían callar:

“No hay quien diga “Dios me dice”, no siendo esto verdad, y luego veas que éste siga el mismo caminar. De las Palabras que oye, que Dios le da para llevar, cuando Dios habla en alguno, aunque lo quiera tapar, se destapa su Poder en la forma de actuar”.

Desperté, oí:

Es liar y perder tiempo,
desmentir y averiguar.

Pues si crees, lee Evangelio,
y verás esto igual.

Dar Amor, ir al Prójimo
y vivir con la ansiedad
de que lo que Dios dice en ti,
tú quererlo divulgar.

Al que Dios ya habla en él,
a Dios se le ve al hablar,
porque oyendo lo que oye,
no deja su caminar.

Lo mismo que a Dios siguió,
cuando iba a predicar
Palabras que eran Evangelio,
sin poderlas superar.

Dios, cuando habla en uno,
ya sabe el que va a aceptar.

Aunque el hombre quiera hacer
ver que a Dios ama de verdad.

Casi siempre quiere el hombre
hacer que no vean verdad.

Pero Dios hace el prodigio,
haciendo intelectual
a aquel que no supo nada
hasta que oyó a Dios hablar.

Lo oye en el ArroboDesprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75),
lo practica en el dictar,
y luego tú ves a Dios
en la forma de actuar.

El Sello de Dios se queda
cuando Dios arroba ya.


***