domingo, 9 de enero de 2011

No merece mi Gloria - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pág. 210-211-212


En Sueño Profético decían:

Estas Palabras que hoy repiten en Gloria fueron dichas por Dios Hombre en su Vida Pública:

“El que tenga quien lo lleve a la Gloria y no lo siga, no merece mi Gloria. Si Yo he bajado a la Tierra, ha sido para enseñar a vivir sin pecado. El que no Me sigue, es porque no quiere Gloria”.

Estas Palabras las dijo al pasar por un olivar donde había unos hombres vareando. Estos aceituneros tenían una fuerte discusión porque uno de ellos tenía amistad con Tomás, el Discípulo de Jesús, y todo lo que Tomás le contaba, él lo transmitía mientras duraba la faena, que faena terminaba y él seguía con sus palabras oídas a Tomás y dichas por el Maestro. Había unos cinco o seis que retiraban del Maestro a los que él tenía con deseos de conocerlo. Estando un día llenando los costales y apartando la verde de la moreteada, dando fin al día, llegó el Maestro con cuatro de sus Discípulos e hizo parada preguntando si había pasado Tomás y el resto de sus Discípulos, pues habían quedado en juntarse en aquella hacienda. Todos quedaron callados cuando este amigo de Tomás se acercó al Maestro y Le dijo:

–Jesús y Maestro…

Siguió presentando y lo paró el Maestro y le dijo:

–Yo soy el que ahora sigo hablando.

Y poniendo el Brazo con gesto de pena, dijo:

–Ya mañana tienes faena en el mismo olivar, pero te mandará otro dueño, y tú ya podrás enseñar el camino que éstos no quieren seguir y yo no quiero obligarles. Allí te esperan, y aquí te desprecian. No es esta la Enseñanza que Yo enseño, Yo enseño y dejo Libertad. Pero antes de que me cierren las puertas, Yo no entro, aunque las tengan de par en par.

Desperté, oí:


Este amigo de Tomás quería que cuando terminaran el destajo, fueran a buscar a alguien que tuviera amistad con el Maestro.

Los veía siempre hablando, desmintiendo de los Hechos.

Estos cuatro o cinco eran de la parte del dueño, y tenían valentía para estar siempre discutiendo.

Si el dueño sigue al Maestro, no los deja discutir, porque todos están de acuerdo.

Ya se despidió el Maestro con esto que fue sentencia, que todos quedaron oyendo:

“El que tenga quien lo lleve a la Gloria y no lo siga, no merece mi Gloria”.


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