jueves, 13 de enero de 2011

Palabras enemigas del Amor - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 253-254-255


En Sueño Profético hablaban del Amor.

Dijo uno:

Hay quien dice que ama, pero con calma, con reposo, midiendo el Amor y quedando indiferente a este Amor. Yo aquí no doy mi voto. El Amor de Dios no puede ser así.

Hagamos una separación de cada palabra y pongamos una palabra de compañera a cada palabra:

Primera palabra: Amor con calma: enemiga del Amor.

Con reposo: reposo no puede haber cuando hay Amor Divino. El reposo lo puede hacer la mentira. Al espíritu que se entrega a Dios, ya Dios lo alborota y lo calma, pero una calma que alborota.

Midiendo el Amor: el Amor no tiene medida cuando es Amor de Dios; no tiene medida ni el amor material, cuando éste no sea de pecado.

Medida: palabra que se emplea con su actuación, para no perjudicar a la materia en momentos que haya intereses.

Indiferencia: actuación que tú puedes representar porque el Amor no ha pasado de tus ojos y de tu lengua; amor sin espíritu; amor, ni de de Dios ni sin pecado.

Todo esto, Tomás, es cuando al publicarlo verán que han perdido el tiempo, un tiempo sin ya encontrarlo, porque el que haya vivido y se haya desviado de la Palabra de Dios, si coge estos Escritos en las manos, yo ya seguro te digo que tenemos aquí un Santo.

Desperté, oí:

¿Por qué el hombre quiere aprender,
pero no de Aquí del Cielo?

Cuando Aquí tiene el consuelo
de sentirse perdonado
y poder entrar sus ruegos.

Porque el gran pecador,
no es ahí lo que peca,
es que los ruegos que ahí hiciera,
por mucho que ahí rogara,
sus ruegos Aquí no llegan.

No llegan, porque al llegar,
tienes primero que sentir
que ya no sabrías pecar.

Y ya se acabó tu calma,
y tu reposo no existe,
y enterrarás tus medidas,
llorando tu indiferencia.

Cuando el Amor lo sientes,
siendo grande pecador,
no callas y dices a gritos:
“¡Ya me ha perdonado Dios!”.

Y cuando nunca pecaste,
y luego te arrobóArrobo: Desprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75) Dios,
no callas, porque si callas,
no te hablaría este Dios.

TOMÁS DE AQUINO y AGUSTÍN DE MÓNICA


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