miércoles, 16 de marzo de 2011

Dos ejemplos - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 185-186


En Sueño Profético contaba Santiago un Hecho de la Vida de Dios Hombre.

Dijo Santiago:

Un día, cuando estábamos con el Maestro escuchando su Enseñanza, pasaron tres hombres y se pararon con esta pregunta.

Uno dijo:

–He oído hablar mucho del Maestro, pero ¿cómo puedo saber que Tú eres el Dios del Cielo?

Terminando estas palabras, llegaron dos y uno dijo:

–Vengo a pedirte perdón, por si en algo Te he ofendido. Yo hago memoria y no recuerdo… Lo que si quiero decirte es que tengo remordimiento de esto que voy a contar:

–Esta mañana ya dije: “Hoy busco al Maestro y le cuento lo que dije”, y tuve contestación, pues a lo de esta mañana ya me has contestado. En este mismo venero ocurrió lo que vengo a contarte. Justo ha pasado un año. Iba yo con unos amigos a este pueblo inmediato… –y no saliéndole el nombre por estar emocionado, sacó el pañuelo y sus ojos enjugó– Bueno… sigo contando lo que me pasó: “Estábamos sedientos, y a este mismo venero miré con pena y de momento pensé: “Si pasara por aquí Ese que le dicen Maestro y se sentara en el borde, sé que brotaría agua”. ¡Éstos son testigos del ruido que traía la fuerza del agua! Y como se mojaron nuestras manos, que colgaban dentro de la sequía del venero, todos dijeron: ¿A que te has acordado del Maestro?”. Esto quería yo mismo contártelo cuando Te conociera. No sé si debí pasar sed y pedir para el espíritu en vez de para la carne. Éste ha sido el motivo de no buscarte antes. Tengo vergüenza de mí mismo.

Se levantó el Maestro y los que con Él estábamos sentados, y esto oímos:

–Santiago ¿ves por qué cambié el camino que ayer dije que iríamos? Quería que vierais lo que Yo ya sabía: el que me ama y el que desconfía de las Palabras de mi Padre; el que se avergüenza amándolo Yo, y el que Yo amo y no puedo amarlo por no creer que soy Dios, y tengo que dejarlo apartado haciendo uso de mi Libertad.

Desperté, oí:

Esta Enseñanza y estos dos ejemplos, no están en ningún libro.

Dios seca el venero, hace que se sientan sedientos, y hace su Presencia en el agua.

Éste ama y tiene firmeza en que Dios era el que hablaba.

El que no tenía Amor, a Él mismo le pregunta, cómo saber que era Dios.

Si no crees, tú no amas, y nunca verás a Dios.


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