martes, 1 de marzo de 2011

Las dos muertes - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag.226-227


En Sueño Profético hablaban de las dos muertes: muerte de materia y muerte de espíritu:

El hombre no se preocupa de la muerte del espíritu. El hombre llora la carne y desprecia la vida del espíritu.

Dijo uno:

Una carne enferma no puede hacer daño, porque el hombre la separa de otra carne a la que pudiera contagiar.

Un espíritu enfermo, hace rápida la contaminación, y puede enfermar a centenares de hombres con su exhibición o con sus teorías. Para evitar esto, hace falta el contacto y la Enseñanza directa de Dios. De estos espíritus, enfermos contagiosos, viene la muerte de muchos espíritus, por falta de Enseñanza. Estos espíritus son culpables también de muchas muertes de la materia: las guerras y los crímenes son fomentados por espíritus enfermos, por espíritus sin Dios. Esto, al hombre lo debería hacer pensar, y luchar por defender al que Dios elige para sanar espíritus. La salud del espíritu sano da Paz, tranquilidad, y va quitando obstáculos que pudieran enfermar a los espíritus que no tienen Enseñanza.

Desperté, oí:

Es sufrimiento para el que quiere sanar espíritus, si no lo dejan que actúe.

Es sufrir el querer que todos cuiden primero lo que se puede perder sin tener luego remedio.

Es sufrir el ver sufrir
a este Dios de este Cielo.

¿Por qué no pensará el hombre:
Si yo a Dios nada Le llevo,
cuando me llegue mi hora
y me presente en el cielo…?

Si el hombre pensara esto,
le entraría remordimiento.

De ver la Lucha de Dios,
y el hombre tanto desprecio.

Si el hombre pensara en muerte
del espíritu o del cuerpo,
se acabarían las guerras
y el hombre sería bueno.

Sería bueno, no por él,
sería bueno por el Dios
que perdona desde el Cielo.

Si pensara en las dos muertes,
no querría muerte en el Cielo.


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