jueves, 31 de marzo de 2011

El Amor de los maridos - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 182-183-184-185


En Sueño Profético hablaban de Dios Hijo, de un Hecho de cuando su Vida de Dios Hombre. Decían:

Son Hechos escondidos para el hombre. Son Pasajes desconocidos para los historiadores.

Dijo uno:

Un día, yendo con el Maestro, había unas cuantas mujeres lavando en el río, y mucho antes de llegar se oían risas y contentos que acompañaban al golpear de sus ropas que con alegría golpeaban. Aquella mañana fue vivir Gloria a la orilla del río; fue ver alegría al paso del Maestro; fue ver alegría con Obediencia; fue Dios Padre decir que iba a pasar Dios Hijo; se oían los pájaros, se oía el ganado, y a las mujeres con sus risas en tono de cantares. Pero fue el Maestro llegar, y todas ponerse de pie, y en sus grandes delantales limpiarse sus manos, y una decir:

–¿Nos aceptáis llevarse la cesta de la comida que hemos traído?, ya que la faena la terminamos antes de que ganas de comer nos den.

Otra dijo:

–Maestro, cuando esta mañana estaba mi marido preparando las bestias, unas para él llevarse a su faena, y ésta que a mí me dejó para que cargáramos la ropa, le dije: “Hoy veo yo al Maestro, tú Lo viste ayer, y toda la noche yo he estado pidiéndole al Padre que Lo mande por donde yo lo vea, y así ya podemos los dos decir: “yo he hablado con el Maestro”.

Quedó el Maestro oyendo a aquellas mujeres que el Amor les servía de aderezo, y faltas ya no les veías. Pero antes de que terminara la última, ya había otra esperando para, con Amor y respeto, dirigirse a Él.

Ya se oyó a otra:

–Nos hemos puesto de pie para adorarte, ya que el estar de rodillas no era para Ti.

Dos últimas que calladas estaban, Le dicen:

–Habrás oído las risas que teníamos, de cada una salía escape de contento de lo que ayer nos contaron nuestros maridos. Ellos fueron juntos a buscarte, y tanto nos hablaron de Ti, que hoy decidimos terminar la faena temprano e ir a buscarte nosotras y nuestros hijos.

Ya habló el Maestro y silencio quedó en todo:

–Es menos corriente que amen los hombres y que hagan que amen sus mujeres. Pero aquí ha querido mi Padre, para que mi Enseñanza no forme en vuestras casas la guerra, ya que algunos de vuestras familias no creerán que soy Dios de Cielo hasta que no vean prodigios.

Todas cambiaron sus risas y contento, por caras apenadas, ya que el Maestro les dijo lo raro que era el día que no había en sus casas estas discusiones de verdad y de mentira.

Desperté, oí:

Eran familias en las que unos creían en el Hijo del Hombre y otros Lo insultaban.

Dios hace que primero Lo conozcan los maridos, para que vayan diciendo: “ese Hombre no es hombre de esta Tierra, ese Hombre es Hombre de Allí del Cielo”.

¿Tú has visto lo sencillo que Él te hace comprenderlo?

Mañana que vayan ellas por sitio que puedan verlo.

Y después de la faena, quedaremos en acuerdo de que el que entre en nuestras casas tiene que amar al Maestro.

Aunque fueran nuestros padres, debemos de dar desprecio.

El Amor de los maridos se fue cundiendo y cundiendo, y casi medio pueblo ya seguía al Maestro.

Dios caminó río abajo, porque las mandó primero.


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