sábado, 26 de marzo de 2011

Ella dejó aquel camino - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 231-232-233


En Sueño Profético explicaba Teresa de Ávila sus primeros tiempos. Decía:

A mí nunca me pasó la idea
de que Dios a mí me hablara,
ni que yo verlo pudiera.

Mis años de juventud
tenían un camino feo,
no era en contra de Dios,
pero era un camino feo;
no era el camino limpio
como para llegar al Cielo,
era camino de todos,
camino con desconsuelo,
camino más bien oscuro,
camino sin ver el Cielo,
camino que si lo sigues,
te viene arrepentimiento.

Ya, un día, pensé en Dios,
pero un pensar por dentro
que se veía por fuera,
y en vez de verme contenta,
me vieron como amargura:
que si fuera, que si dentro,
que si podré yo aguantar
la verdad en la mentira,
la mentira en la verdad.

Esto lo pensaba yo,
y era muy de pensar,
porque mi temperamento
sufría mucho al callar.
Pues con todos mis defectos
me quise yo superar,
y bien fácil que lo hice,
y aunque yo amaba ya,
quise que fuera más fuerte,
para que todos me dijeran:
“¿Cómo has podido llegar
a ese Amor tan grande,
que es Amor de contagiar?”.
Pues me paraba la gente,
y yo empezaba a contar
de primeros éxtasis.

Pasé por convento, celda,
y más fuerte era este Amor.
Si a veces quería callarlo,
no se aguantaba la voz.

Esto es un sí y un no,
de Amor y de amargura,
que le supera el Amor.

Si este Amor fuera del hombre,
se convertiría en dolor.

Desperté, oí:

Ella dejó aquel camino
en su juventud primera.

Ella dejó aquel camino
y cogió el de las penas.

Yo a esto no llamo penas,
porque esto es Amor de amar.

Yo llamo aquí alegría,
aunque me vean llorar.

Yo, cuando vi a Dios,
entró mi cuerpo en éxtasis,
y aunque no quería yo
permanecer de rodillas,
de rodillas quedé yo.

¡Que pena tenía su Rostro,
y qué alegría su Mirada!
¡Qué Voz tan dulce su Voz,
que yo reía y lloraba!

¡Ay Rostro que estás con pena,
porque el hombre te la manda!
¡Ay Mirada de Dios Vivo,
que buscas al que Te ama!

Y tu Voz es Voz tan dulce,
porque es Perdón y Esperanza.
Es tu Rostro, tu Mirada,
y también fue tu Voz
la que me dejó sellada
con este Amor de locura,
locura que no se acaba.

Si amando nombras a Dios,
se te cambia hasta la cara.

TERESA DE ÁVILA


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