domingo, 25 de enero de 2015

El farolero

En Sueño Profético decían:

Hablar cómo Dios nos ama es fácil. Enseñar cómo tenemos que amarlo es difícil y trabajoso.

El que tenga este trabajo, duro le será el vivir.

Dijo uno:

Yo vivía unas casas más arriba de un hombre que servicio le hacía al Cielo con hacer que muchos amaran a Dios. Y este hombre me decía –porque me hice amigo suyo– que su trabajo no le cansaba ni lo sofocaba como le sofocaba el ver el trabajo que al hombre le costaba querer a Dios y hacer lo que era de su Enseñanza.

Este hombre era farolero, y su oficio lo cogió a él para que fuera dando Luz al espíritu y después luz a las calles. En cada farol, un romance decía de Amor a Dios para que a Dios quisieran. El día que llegaba un poco tarde, le llovían las protestas, pero no de enfado. Él siempre tenía respuestas. Ésta era conocida: “Procurad no tener oscuridad en el espíritu, que es el que le da luz a la calle, pone a Dios contento e ilumina los hogares”.

Pues este hombre, del que me hice amigo suyo y me tomaban por farolero, decía: “¡Será posible que no trabaje con el chuzo, ni con agua ni con viento, por mala que sea la noche cuando la noche se está haciendo! Que cuando hablo de Dios, de que Lo quieran, a unos tengo que hablarles que lo redondo es lo bueno; a otros, me doy la vuelta y tiene que ser cuadrado lo que redondo ya era. Y así me los voy llevando para que a Dios Lo quieran”.

Desperté, oí:

“¡Ya viene el farolero!”,
se oía por las calles.

En cada esquina
dejaba una Enseñanza,
que a más o menos servía,
pero a él lo buscaban.

Cuando encendía el farol,
decía esta despedida:

¡Ya está la calle encendida
con la luz que da el farol!

¡Que paséis buena noche
si el espíritu alumbra,
que es la Presencia de Dios!

¡Que del farol a la Luz Divina,
él se queda en apagón!

¡Procurad que esté siempre
encendido el espíritu,
pero con Amor a Dios!

¡Hasta mañana chiquillos,
que améis siempre a Dios!


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Libro 1 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - C2