martes, 13 de enero de 2015

Mar, río y arroyuelo

En Sueño Profético hablaban varios espíritus de Dios con las Palabras que Dios mandaba que tuvieran Eco. Había veces que no se oían Palabras y se seguía comprendiendo. Enseñaban a conocer cuándo los sentidos viven las tribulaciones del espíritu enfermo. Decían:

Estas tribulaciones son según el avance del grado de la enfermedad en el que se encuentre el espíritu. Comparaban con los mares, ríos y arroyuelos.

Dijo uno con afirmación segura de la Enseñanza que estaban haciendo:

Comparemos la fuerza del espíritu con lo ya nombrado, y nombrando un arroyo seco para ir ya comparando:

Si tu espíritu está enfermo y ya condenado, es arroyo seco, que todo lo malo que allí eches, allí se queda y todos lo estarán viendo.

Si enfermedad grande tienes, pero aún tiene remedio, eres arroyo con agua, que si echas inmundicias, si no son muchas y cada día echas menos, el arroyo puede que su agua siga corriendo. A este grado de enfermedad aún llega el medicamento.

Si ya tu espíritu es río, pueden echar impedimentos para interceptar el río, pero si te vas curando y ya en mar te conviertes, ya pueden echar murallas, que a todo, el mar le puede, porque la Fuerza de Dios, a tu espíritu, en mar convierte.

Éstas son cuatro enfermedades que tu espíritu tener puede. La primera –o bien dicho, ya no es enfermedad– es que tus muchos pecados han formado sequedad, y quedas por Dios apartado, viendo el río, viendo el mar y viendo el arroyuelo, el que te pudo curar.

Desperté, oí:

Estúdiate cómo eres,
y te podrás comparar
con el arroyo o el río.

Pues Dios te deja pensar,
para que veas diferencia
con el arroyo seco
o la bravura del mar.

Que son los que Dios elige:
uno, para que divulgue
las Palabras que Él le da;
y el otro, Dios con su Mando
lo aparta a la eternidad.

A este último no elige,
lo aparta por suciedad.

Ama y busca enseñando
cómo espíritu curar.

Y una vez que esté curado,
resbala la suciedad.

La enfermedad del espíritu,
tu mente la hará enfermar.

Si a Dios pides que te cure,
piensa que curado estás.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C4