viernes, 2 de enero de 2015

“No me alimentes si la vida no la cambias”

En Sueño Profético hablaban del hombre, de su cultura, de su mando, de su adelanto, de su invento.

Se vio a un niño con muy poco movimiento y un llanto muy apagado, de estar pocas horas fuera del cuerpo. Y una voz dijo con Mando de este Cielo:

Este niño será uno de los muchos que al hombre le sirven para que vean que su invento acaba pronto con centenares de cuerpos.

Éste es el adelanto: que nazcan y se castigue al que no dé un hijo al año, como el árbol da el fruto. Con la grande diferencia de que el fruto da un gran servicio para mantener el cuerpo, y a los niños se cuidan para luego entregarlos para que sean el blanco de aumentar el número de muertos.

 Si esto pensara el hombre culto, se escondería en una cueva y viviría avergonzado de su invento y su adelanto.

Que invento es querer que nazcan para cuidarlos, y ya que tengan presencia de hombres, entregarlos forzosamente para que sean muertos por el adelanto.

¿Quién sembraría trigo para no hacer pan y sí para echar la espiga al río?

Desperté, oí:

¿Quién pecaría más,
el que no sembrara trigo,
o el que lo sembrara,
lo cuidara y lo echara al río?

Sabiendo que había hambrientos,
éste tiene más castigo.

Pues, ¡cómo querer nacimientos
para quedar el inventor
y el progreso lucidos!

No puede negar el hombre,
que quiere que nazcan niños
para que lleguen a hombres
y no les falten
a los cañones y a los fusiles.

Si el niño al nacer hablara,
le oirías estas palabras:

“No me alimentes
si la vida no la cambias”.

Quita primero las guerras,
y luego, que niños nazcan.

Si meditas este Mensaje,
ves que es Dios el que lo manda.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - C5