martes, 8 de septiembre de 2015

Aprender para enseñar

En Sueño Profético decían:

Estas Palabras que aquí dictamos son dichas por Dios Hombre:

El que enseña sin saber, enseña peor que él sabe. La Enseñanza debe ser primero Amor, y lo último enseñar. Ya el Amor te dirá lo que tú no sabes”.

Dijo uno:

Estas Palabras son Evangelio que Dios dejó en la Tierra y que el hombre no tiene escritas. Yo acompañé al Maestro, aunque mi número no entraba en los Doce, pero muchas veces fui entre éstos. ¡Si todo se pudiera leer, de lo que ocurrió…! ¡Si todo se pudiera ver en el momento que el Maestro daba la Enseñanza…!

Un día, ya bien entrada la noche –esto era en el tiempo de los días cortos, noches largas–, veníamos con el Maestro del campo, de una finca de un buen amigo mío, que allí, cuando les pillaba el pasar por el camino que llevaban, éste buen hombre y familia, les hacían que comieran o dieran un poco de descanso a sus cuerpos –pues si esto lo cundían estos dueños de la finca, se les llenaba la casa, y se terminaba haciendo una lumbre fuera de la casa por no caber dentro–. Este amigo mío lo celebraba, cuando sabía que pasaba el Maestro o alguno de los suyos que pudiera contarle algo que girara siempre alrededor del Maestro, para que el que acudiera, aprendiera. A todos los que allí entrábamos, nos colmaban con palabras de Amor, para que no nos fuéramos. Pues fue entrar en el pueblo, y al pasar por una bodega que los hombres bebían el vino en jarra, y casi siempre había alguno en la puerta, fue pasar el Maestro y éste decir:

   –¡Poco trabajo habéis hecho cuando tan contentos y risueños vais! –Y continuó con su mano en el asa, empinando la jarra hasta no dejar gota.

Tres de los que íbamos, quisieron liarse a puñetazos, pero rápido dijo el Maestro, poniendo su Mano en medio de los suyos y de los que iban en su contra.

   –Si vosotros que sois míos, os ponéis a pelear –donde no puede estar mi Padre–, el que pasé no sabrá cuáles son los míos ni los que van en contra de mi Padre.

Y dirigiéndose a Felipe dijo:

   –Mañana, cuando lo veas fuera de este sitio, donde hacen tanto pecado, háblale en mi nombre, y Yo haré que pida Perdón a mi Padre.

Desperté, oí:

Ya aprendieron los que lo seguían,
que si en sitio que están haciendo pecado,
tú entras para defender a Dios,
y ven a todos peleando,
no saben cuál es el de Dios,
o cuál es el endemoniado.

En aquella bodega,
que era más bien bodegón,
se hacían muchos pecados.

Se jugaban el dinero,
las fincas y las mujeres.

Se apuñalaban amigos,
sin que la amistad mediara.

Odiaban a los maridos,
las mujeres en sus casas.

Y los hijos maldecían al padre,
y sin compasión gritaban:
¡Que se muera, que no quiero
que padre entre más en casa!

¡Cuántas mujeres hacían
 vida sucia, vida mala!

Dios no podía dejar
que los suyos allí pegaran,
porque podían confundir,
sin saber el que a Él amaba.

Aprende para enseñar,
y darás buena Enseñanza,
pues si enseñas sin saber,
rompes lo que Dios te manda.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C1