miércoles, 16 de septiembre de 2015

No pueden estar ocultas las Palabras de Dios

En Sueño Profético decían:

Hay quien llora para que lo vean y hay quien su llanto esconde. Hay quien oculta una verdad y también una mentira esconde. Hay quien se hace pasar por bueno hasta el día que lo conocen.

Dijo uno:

Todo en la vida tiene su escondrijo, lo feo, lo malo, lo bueno y lo bonito. Pero al que Dios le habla no puede tener ocultas las Palabras que Dios le da, no para él y sí para el Mundo.

¿Quién podría ver a Dios y guardar silencio al hombre? El que así actuara no había tenido Visión de Dios, ni había oído su habla.

¿Quién puede callar a Dios cuando en otro cuerpo hablara, si ya tu respiración no manda al habla, ni tus sentidos trabajan mandándole a tu cuerpo, ni tu actuación pertenece al espíritu con cuerpo?

¿Quién puede contar unos hechos de Jesús que no están en los libros?

¿Quién puede, día a día, escribir estos Dictados y tenerlos en secreto cuando el Dueño del Mensaje es el Dueño del Mundo entero, del Mundo del espíritu y del Mundo de la carne?

¿Quién ocultaría el viento y quién escondería la lluvia? Pues mucho más fácil es esto, porque si Dios lo detuviera habría nublados que estarían al Sol escondiendo, al viento le mandaría calma y a la lluvia la dejaría en sequía. Pero ¿cómo va a hablar y Él mismo se va a poner silencio? Todo esto lo utiliza para apartar a todo aquél que vaya en su contra.

Desperté, oí:

Que invento más mal hecho y más pobre ha hecho el hombre de Dios.

Todo aquél que esté unido para frenarle su voz va en contra del Elegido, que es ir en contra de Dios.

Dios cuando manda que digan, en la Gloria, palabras y Visión no puede el hombre callarlas.

Y si cree que las calla que jamás piense en la Gloria, donde la vida es su habla.

Hombres que saben que mueren y no saben si la llamada será estando enfermo o con su carne bien sana. Si será en la tristeza o en grandes fiestas mundanas. Si será en temprana edad, en la mitad o en edad pasada.

Pues con tanto saber que tiene el hombre y no sabe esta llamada.

El que piensa en la despedida a Dios no manda callar.

¡Qué pena que sean contados los que adoran su Habla!


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Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VII