jueves, 15 de octubre de 2015

El Monte de los Olivos

En Sueño Profético vi un campo: era un monte con arboleda, pero ya cuando me fijé, eran olivos.

Uno dijo:

En este monte ondearon las Palabras de Dios Hijo. En este monte hubo alegría, llanto, Perdón y envidia a este Maestro. En este monte, conocido por “El Monte de los Olivos”, quiso el Maestro enseñar, para que después del monte, continuaran con Él en su Reino.

Dijo Juan:

Aquí, en este monte, aprendimos y vimos prodigios sólo sus Discípulos y el que mucho lo amaba.

Estando un día todos oyendo al Maestro, hubo un momento en que más de la mitad se quedaron sin oír las Palabras que el Maestro decía, mientras nosotros veíamos una gran Luz que del Cielo bajaba por encima de las cabezas de los que amábamos.

Viéndose la Luz, dijo el Maestro:

No veis y os habéis quedado sin oído mientras mis Palabras tenían resonancia. No veis la Luz de mi Padre porque no creéis en mi Padre. Y si no creéis en mi Padre, ¿cómo me vais a oír a Mí? Uno de los que no me ama, habrá visto y oído, para que dé testimonio a sus partidarios y no queden desmentidos”.

Esto hizo alegría a los que amábamos, llanto a los arrepentidos, y envidia a los fariseos. El Maestro sólo sintió el Perdón mandado del Padre, para el que lo quisiera. En este monte vio que era Dios, el que vio la Luz y el que no oyó.

Desperté, oí:

Más acudieron al Monte de los Olivos para decir que no era Dios, que para seguirlo.

Dios Padre, mientras hablaba en Dios Hijo, manda la Luz para el que la quiere y para el que la pide.

Medio monte con Luz, medio monte con tinieblas.

Dios, con su Poder, hace día y noche juntos, como cosa material que hiciera el hombre.

Como dos cacharros juntos
que moldea el alfarero.

Como silla de madera
que te hace el carpintero.

Que ésta misma de madera,
también te la hacen de hierro.

Y tú ya puedes juntar,
para que todos estén viendo.

Esto mismo hizo Dios,
pero sin tocar objeto.

Allí veías a Dios,
en el monte y en el Cielo.

En las caras del que amaba,
y en la ira del fariseo.

Pero también se veía
en las lágrimas que en el suelo,
allí enterradas están,
al oír la Voz del Cielo.

El Monte de los Olivos,
para el que ama, tiene recuerdo.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C3