lunes, 5 de octubre de 2015

Venerarlo en una flor

En Sueño Profético vi sembradas unas flores altas que parecían nardos. Iban mujeres y algunos hombres y cortaban aquellas varas, después las ponían en un camino. Y dijo uno:

“Por este camino pasó bastantes veces el que Dios Padre mandó para librar al hombre de la condenación, conocido por Dios Hijo y Maestro. Esto era camino de Israel. Estas flores, el tiempo que florecían era, cuando dieron Crucifixión a Este Dios y Maestro. A pesar de que hace más de doscientos años, aún se siguen poniendo unas flores para perfumar sus Pisadas. Todo el que las llevaba se agachaba y las ponía con Amor, con mimo de no hacerle daño a una Reliquia que Vive, a su Dueño. Cuando llega este tiempo, raro es el sitio que no las siembran para después aquí traerlas. Hay veces que llegan de pueblo a pueblo, como si fueran una misma vara. Luego, cuando ya se secan, los mismos que las pusieron, se encargan de retirarlas. Hay quien asegura que esas varas –porque la flor se seca– curan el mal y lo espantan. Yo sí puedo decir que hay veces que al retirar las varas queda señalado un Pie, y hay veces que los besos dejan limpio el redondel, pues queda bastante rato la forma como es su Pie. Ya de allí no se mueven hasta que señal no ven”.

Desperté, oí:

Estos que las flores llevaban,
de Dios nunca se olvidaban.

A Dios tenían cuando sembraban,
a Dios tenían cuando cortaban,
y Dios los estaba viendo
cuando las flores poniendo.

Luego, a Dios tenían,
pensando en cuando las recogerían.

Y ya, cuando las quitaran,
a guardar y besar las varas,
pero besaban primero el Pie
que veían en el suelo.

Esto es amar a Dios,
venerarlo en una flor.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C8