martes, 20 de octubre de 2015

Saber sin que el hombre Saber sepa

En Sueño Profético vi un camino, pero sin verde, o sea, sin árboles y sin haber nada sembrado. Era un campo de Visión nueva para mí. Empezaron a explicar, y yo comprendía en el momento del arrobo, pero si no me lo dictan, no sé decir lo que oía.

Dijo uno:

Aquí, en este mismo suelo y en estos mismos metros de cabida para los que íbamos con el Maestro, recibimos una buena Enseñanza, que luego nosotros la íbamos cundiendo. Dijo el Maestro:

El que más reconozca que ha hecho lo que no agrada a mi Padre, más quiere seguirme, más aprenderá y menos hará pecados, porque mi Enseñanza irá cundiendo. El que mis Palabras no acepte, debe volverse antes de que Yo lo retire”.

Estando parados, llegó un buen gentío que iba siguiéndolo, y uno de sus Discípulos, al empezar el Maestro a andar, le dijo: “Maestro, allí vienen por verte. ¿Nos paramos?”. Siguió el Maestro andando y dijo:

Aquí me he detenido hasta que ellos llegaran y Me vieran. Ya, si quieren mi Enseñanza, que Me sigan, porque Yo a nadie Me niego, por ser Dueño de la Gloria y del suelo. No hay más Gloria para mi Padre, que ir Yo su Nombre cundiendo. Ya es Libertad en el hombre, aprender o dar desprecio”.

Desperté, oí:

Cuando el Maestro se paró a enseñarnos a reconocer nuestras culpas, era mientras esperando. Sabía que el día de antes un grupo de hombres en un mesón preguntaban.

Pero unos no creían que fuera Dios, viendo a un Hombre.

Y entre vaso de bebida y voces cada vez más fuertes, se discutieron el ir a conocerlo al monte, al desierto, donde poderlo oír.

Dios, Saber sin que el hombre Saber sepa,
quiso esperar al gentío
y luego que Lo siguiera
el que seguir había querido.

Ésta fue otra Enseñanza
que todos la recibimos.

El Discípulo creyó
que no había visto al gentío.

Y el Maestro quiso ver
la reacción de los suyos.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C2