miércoles, 21 de octubre de 2015

Yo vi a Dios una vez

En Sueño Profético decían:

Aparta más de Dios el que sabe que hay Dios y no Lo quiere, que el que duda si lo hay.

El que sabe que hay Dios y no Lo quiere, todo lo que de Él venga hará por desmentirlo o transformarlo, para que más no Lo quieran. A éstos extraña más el que a Dios se ofrece y Dios lo premia; unas veces, con su Imagen; otras, como si Lo vieran: en prodigios, en curación de materia, en conversión que Dios hizo por querer premiar tu entrega. Todo esto es ver a Dios; que el que Lo ama, lo enseña y nunca lo desmintió, lo que Dios mandó que viera.

Dijo uno:

¿Qué malo puede tener que todos los hombres dijeran: “Yo vi a Dios una vez”. Y otros les respondieran: “Yo Lo he visto en ocasiones, y sin decirme quién era, sabía que era Dios”?

¿Por qué el hombre en la Tierra, sin en Él no piensa o Lo siente, actúa como las fieras? ¡Y yo he visto a fieras sin lana actuar como corderas! ¿Quién puede hacer este cambio si no es Dios?

Pues si piensas en el día ya despidiendo a la noche, haciendo que veas el campo y descubriendo las torres; haciéndote ver lo bueno y despreciando lo malo… –que más se ampara en la noche, que en el día soleado–, todo esto es ver a Dios.

Si al hombre se le viera hablando de la Naturaleza, de la vida, de la muerte que sin remedio te llega… Todo esto es ver a Dios en sentir. Y de malo, di qué tiene. Pues piensa en el que Dios trae sin cuerpo Aquí, a la Gloria, ¿qué malo puede contar? Los Dictados lo demuestran.

Desperté, oí:

 
Había de ser invento,
por los hombres inventado,
y cada vez que se vieran, decir:

“Dios ha mí me ha hablado”.

Y yo creo que este invento
acabaría con los malos.

El hombre practica el mal
porque de Dios no le hablaron.

Dios coge a los Elegidos
para que hablen de Él,
que no es muerto, que está Vivo.

Si todos hablaran de Dios
compadeciendo al caído,
escribe con letras grandes
que no habría Elegidos.

Inventa que ves a Dios,
si cumples sus Mandamientos.

Porque no hay labor mayor
para cumplir su Evangelio.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C5