lunes, 12 de octubre de 2015

La pena de condenarse es por Dios

En Sueño Profético decían:

Aprende más el que quiere amar, que el que dice que ama.

Saliendo un día el Maestro de la sinagoga, se acercaron unos hombres y Le hicieron esta pregunta:

   –¿No sé si debo dirigirme al mismo Hijo del Hombre o he debido de preguntar a uno de los Discípulos? Cuando ya quede la Tierra sin tus Pisadas, ¿qué haremos para no caer en el pecado? Esta pregunta es de nuestras mujeres. Ellas querían venir a peguntarla, y nosotros nos hemos adelantado para llevarles la respuesta.

Quiso uno de sus Discípulos decirle: “Maestro, mañana Tú me la das y yo la llevo, por tener la hora tan justa como antes has dicho”. Miró el Maestro al Discípulo y dijo:

   –Tienes que tener Amor sin olvidar que soy Dios del Cielo. Pues si olvidas lo de Dios, no es Obediencia primero. Éstos hombres quieren amar, y en aprender son los primeros.

   –Ya podéis ir tranquilos y vivir como estáis viviendo, que aunque mi cuerpo se vaya, quedan mis Palabras, y el que las practique, tiene contacto en el Cielo. No hay más verdad para no querer pecar, que decir: “pecar no quiero”.


Desperté, oí:


Luego se fue el Maestro diciendo: “Aprende más el que quiere amar, que el que dice que ama”.

Éstos Lo fueron a buscar
para ir a las mujeres
y quitarles su pesar.

Querían saber por Él,
cómo vivir sin pecar.

Tenían miedo después
a poderse condenar.

Estas palabras se oían
mucho en estas mujeres:

“La pena de condenarse
es por Dios, no por el hombre”.

¡Pensar en darle sufrir,
después de bajar a Tierra…!

¡Pensar que muera en la Cruz,
por no querer que Dios fuera…!

Estas mujeres amaban,
y sin duda aprendían
todo lo que Dios hablaba.

Había quien decía: “yo amo”,
y no aprendió su Enseñanza.


***

Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C3