miércoles, 7 de octubre de 2015

Nunca habrá una reforma en las Palabras de Dios

En Sueño Profético decían:

Hay cosas que son y no deberían ser. Y hay cosas que deberían ser y no son. Esto es en las leyes del hombre. Las de Dios no pueden tener cambio: cosas que Dios haya dicho por ser el Único Dios, no por Poder que tuviera, ni por ser Único Dios; no, esto va después. Primero está su Sabiduría, sin poder el hombre entender por qué puso noche y día, por qué deja enfermedad, por qué la muerte no avisa. Avisa cuando ya el hombre ve muerte porque no hay vida. Pero nadie ha de saber: a mí la muerte me llega tal día, tal año, tal mes, con fecha y hora fija. De esto Dios tiene el secreto, que es pura Sabiduría.

¿Quién podría comprender por qué coge un Instrumento y el hombre a Él no ve, una vez que da Palabras y también da su Poder, y deja escondido lo fácil que al hombre le haría creer?

Pero, ¿cómo se hablaría de la Libertad de Él? Ya, con ver a Dios delante, ¿quién podría hacer el mal?, y ¿cómo decir: “yo hago bien; yo cumplo la Ley de Dios; yo no veo, Él me ve; yo cumplo porque Lo amo, y sé fijo que me iré en una estación del año que me llame; y yo iré sin exponerle razones como el hombre suele hacer: sin enfados, sin corajes, porque me voy con Él”?

Desperté, oí:

Nunca habrá una reforma
en las Palabras de Dios.

Nunca Dios dará la Gloria
para aquel que diga no.

Aquí actúa con fuerza
la Sabiduría de Dios.

Que puso la Libertad
y nunca pensará el hombre:
“Yo amo por Dios mandar”.

“Yo amo porque Dios quiere,
y si no, Infierno da”.

El hombre que a Dios no ama,
es porque tiene amistad
con espíritus no buenos,
que en contra de Gloria van.

El hombre que ama a Dios,
sabe que Dios no reforma.

Porque reforma sería,
dejar un mundo sin Gloria.


***

Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - C6