lunes, 1 de noviembre de 2010

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia» - Libro Recopilación - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Pag. 948-949


En Sueño Profético hablaban del Nacimiento de Dios Hijo, del sitio donde nació y de la casa donde habitaron los que conocieron como padres.
Decían mucho:

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia».

Nació pidiendo favores de lo que Él tenía suyo. Pues el que creyó que era Dios daba el Amén, y en el Amén, Reverencia.

Si Dios hubiera nacido en una casa como de las que sólo hay tres, antes de abrirte la puerta podrías haber dudado de que Dios fuera. Él no nace ni en una casa, y ya no da preferencia para que unos Lo visiten y a otros no quieran abrirle la puerta. Dios no nace en una casa, a pesar de que todas eran suyas y el hombre se las niega.

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia».

¡Cómo pensar que por qué nace en esta pobreza, si el hombre, su gran lucha es vivir en la grandeza! Él se hace Hombre y amigo de la pobreza, y va enriqueciendo espíritus con el Ejemplo que lleva.

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia».

Él sabe quién Lo quiere. Y también sabe quién Lo niega. Y lo deja entre los Once, para no desmentir lo que dijeron los Profetas, y que el Padre en ellos habló.

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia».

Deja que sufra la Madre. Una Madre, que Virgen tiene de Nombre, por ser sitio de pureza. Aunque sirvió como Madre, fue Sagrario de la Palabra de Dios Padre, y el Verbo se hizo Carne, y ya su Palabra, «Tres Dios», hace: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu que mueve a la Carne.

Desperté, oí:

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia».

¿Cómo pueden dudar los cristianos de que estas Palabras estén dichas en la Gloria?

Hablaban más del Nacimiento de Dios Hombre, pero este hablar queda en la Gloria y no lo dictan.

Nombraban a los cristianos, culpándolos de no cundir este «Diciendo», que es Evangelio, antes dicho y ahora escribiendo.

El que no quería ser cristiano, poco creía que Dios bajó a la Tierra desde el Cielo.

Dios vive en la pobreza por Amor al hombre.

Y enseña a valorar el Amor entre los hombres.

¡Qué bien dicho está esto que repiten en la Gloria:

«Dios Amén, y en el Amén, Reverencia»!

El Amén es aceptar.

Y si aceptas, reverencias.


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