martes, 9 de noviembre de 2010

El enfermo que había hecho mala vida - Libro 81 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VIII - Pag. 133-134


En Sueño Profético decían:

No hay mejor certificado que aquel que esté firmado por tu entrega al Prójimo, que esta entrega, si no amas a Dios, te cansa y dura poco.

Dijo uno:

Yo, algunos días, seguí a Juan de Dios y viví escenas que no pude olvidar, y que quería olvidar por el sufrir que me hacían.

Un día fuimos a un hospital y estuvimos con un enfermo que nadie a su cama se acercaba porque había hecho mala vida. Todas las demás camas tenían visitantes: a unos le llevaban más y a otros menos, pero la cama sola con el enfermo no la veías. Pues a este solitario iba Juan todos los días. Tenía algo en la piel que retiraba y hacía pensar si podía contagiar. Pues una tarde llegó Juan con ropa que parecía que de la tienda salía, y cuando vieron la ropa se acercaron unos a él, con ira, y ya le dijeron: “¿Esa ropa le vas a dar a éste, que siempre iba borracho dando golpes de esquina en esquina, habiendo hombres que son buenos y su vida siempre ha dado buen ejemplo? ¡Este hombre no merece ni que venga a verlo!” El enfermo, al oírlo, llenó la almohada de lágrimas, y mirando a un Señor que Juan llevaba dijo: “Señor, más que la ropa, merezco las palabras, pero si sano haré lo que Juan hace, y jamás me oirá nadie decir estas palabras que tanto daño hacen cuando te acompaña el arrepentimiento”.

Desperté, oí:

Lo que Juan a Dios le pedía, lo oye en la boca del enfermo.

Juan pedía curación y arrepentimiento.

Pues Dios lo concede y con Juan lo vieron.

Toda la familia buscaba a Juan, porque no lo creían.

Pues si Milagro vieron en la enfermedad, más Milagro era verlo acompañando a Juan de Dios de hospital en hospital.

Si esto hicieran los buenos, habría muchos arrepentimientos.

A este hombre le hizo pensar el bien que lo fue a buscar, que lo mandó la oración que a Dios mandaba Juan de Dios.


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