lunes, 15 de noviembre de 2010

Mi fe y mi curación - Libro 47 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VI - Pag. 105-106-107


En Sueño Profético decían:

La Fe crece, y crece más donde más aman a Dios. La Fe pone en llano a la montaña, en el mar hace camino y en muerte, resurrección. La Fe es un poder inquieto que busca donde más quieren a Dios.

En este diálogo de Fe, que hablan en la Gloria, ya sigue un espíritu con Mando de Dios:

Yo, cuando vivía con cuerpo, la Fe era mi compañera. Y defendía lo difícil que el hombre ve en la Tierra. Contaré cómo me respondió la Fe en mi enfermedad incurable para médicos y medicinas:

Yo era carpintero y tenía una carpintería con tres hombres trabajando. Pero yo era el que más entendía los trabajos, porque venía de herencia el trabajo que yo hacía. Un día, sin saber cómo, las piernas no las sentía. Me ingresaron, y todos igual decían: “Ya, que no piense en andar. Esto es para toda la vida”. Cuando yo oía esto, y mis piernas las veía sanas, me abrazaba a la Fe, que yo siempre la llamaba cuando el hombre le daba la razón a lo que veía, no a lo que podía hacer Dios.

Seguiré contando mi Fe y mi curación:

Este era mi pedir, tocando las piernas: “Señor, si aquí no falta nada, en las piernas. Para que ande falta tu Mando, que yo lo espero y no tengo pena por el tiempo que esté paralítico, porque sin sufrir no hay Milagro. Yo espero con Fe tu Mando”. Pues a los cinco años de esto ocurrirme, tuve un despertar deprisa, y sin saber cómo, moví las piernas. Asusté a mi mujer y a mi hijo, que tenía diez años, que él y su madre me movían con agrado y pena guardando.

Desperté, oí:

Mi Fe sirvió en el pueblo para hacer curaciones y para apartar de Dios.

Los que tenían Amor a Dios me hacían preguntas, y les contestaba yo con una Paz y una Fe, que crecía el Amor.

Médicos y cirujanos no podían contestar y decir cómo me había curado.

Dios, en la curación, me dejó una poquita cojera, pero no hacía falta bastón ni muletas.

A mí me dio alegría aquel simple cojear, porque se unía a mi Fe y no podía olvidar de estar paralítico a sin muletas andar.

Cuando entrábamos en la Ermita del pueblo, mi mujer y mi hijo no podían callar, contestando preguntas y a Dios nombrando.

¡Hazte amigo de la Fe y sigue a Dios sus Pasos. Y piensa en el paralítico, y ya esperas Milagro!

UN ESPÍRITU CON MANDO DE DIOS


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