miércoles, 10 de noviembre de 2010

PRÓLOGOS 12ª ENTRADA: Inmaculada Ortiz Ponferrada


Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II

Prologar un libro, para los que nuestra profesión no es la de escribir, no es cosa fácil, y menos aún, cuando el Libro que vas a prologar está escrito, como en este caso, por un Profeta.

El hombre intenta desmentir al que Dios le habla. Eso es como intentar detener un tren a gran velocidad sólo con tus manos, poniéndote en medio de la vía.

Es obligación del hombre, cuando Dios habla, no sólo no obstaculizar la vía, sino facilitar el paso del vehículo por el que Dios transmite su Palabra: el Profeta, el Elegido.

Si el hombre que dice que cree en Dios, en realidad creyera, no se extrañaba de que Dios le hablara a cualquier persona. Lo que ocurre, es que hay hombres que quieren a un Dios a su manera: ciego, sordo y mudo. Un Dios que no pueda verlos, que no pueda oírlos y que no pueda hablarles, porque si les hablara, quedarían al descubierto.


La lectura de este Libro, para muchos, será motivo de alegría, de consuelo, de regocijo, o de arrepentimiento y llanto. Otros, querrían que nunca se hubiera publicado, y sentirán remordimiento y odio por la persona que lo escribió; sabrán que es cierto, pero no querrán aceptarlo.

"Yo no vengo a traer la paz, sino la guerra".

La guerra del que no ama, en contra del que ama, porque le molesta, porque le asusta.

Ana García de Cuenca es persona a la que no se puede detener, como no se puede detener al rayo, al terremoto o al huracán, porque todo es una misma fuerza: la fuerza de Dios.

Dios permitió que el hombre matara su cuerpo, pero no que pudiera detenerlo.

Si crees en Dios y que puede hablarle al hombre, ¿de dónde piensas que ha salido tanta belleza como la que se encuentra encerrada en este Libro?



Fdo.: INMACULADA ORTIZ PONFERRADA
Especialista en Medicina
Familiar y Comunitaria