martes, 23 de noviembre de 2010

Ni el teólogo ni el escritor saben describir bien el Arrobo - Libro 76 - Investigaciones a La Verdad - Tomo XII - Pag. 73-74-75


En Sueño Profético decían:

Nada nace sin que Dios diga: “Nace”. Y nada muere sin que Dios sepa que muere. Nadie se enfrenta cuando Dios dice: “Aquí estoy”, en la fuerza de su Mando, sin palabras. Y nadie entra en la Gloria cuando aún tiene materia, si Dios no lo manda.

Dijo un espíritu con el Mando de Dios, para que la Enseñanza quede entendida:

Dios tiene su Gloria para todo el que la quiera, que el que la quiere es el que cumple sus Palabras: el bueno de espíritu. En esta Gloria entra el espíritu cuando el cuerpo entierran. Pero mientras viva la carne, el espíritu no entra en la Gloria, hasta arrobarlo Dios, desprendiéndolo de la carne.

Esto debería estudiarlo el teólogo y el escritor para diferenciarlo: “Yo voy” o “me llevan”. Pues si te llevan, es fuerza que debe ser respetada por no ser tuya. El bueno que a Dios adora ya debe ser respetado, pero si le prohíben adorar, ya no adora de rodillas ni con las manos, adora con el espíritu y con su mente. Pero al que Dios le arroba el espíritu, esto no se lo puede impedir el hombre. Esto es flotación, elevación, desprendimiento del espíritu y anulación de la materia. Este espíritu oye y ve, sin cuerpo, lo que Dios manda para que sea enseñado o dicho en la Tierra.

Arrobo: desprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando; humo en Manos de Dios que persona hace; mares que pusieron camino; y torre que no entendió nadie.

Desperté, oí:

Yo creo que ni el teólogo ni el escritor saben describir bien el Arrobo.

Porque si lo supieran, buscarían con ansiedad de sediento.

El teólogo, porque representa a Cristo.

Y el escritor, para poner en sus libros:

Arrobo dicho por Dios.

Muerte sólo para el cuerpo, sin que lo sepan los hombres.

Salida que da el espíritu y el retorno lo hace obediencia.

Esto es Arrobo en la Gloria. Luego, vuelta a la materia.

Cuerpo que no ha muerto y muerto Dios deja para enseñar de la vida que vive sin que materia necesite.


***