miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un granito de ayuda - Libro 92 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo VII - Pag. 63-64


En Sueño Profético se vio un hombre con un haz de leña que achicaba su cuerpo el peso que llevaba en sus espaldas. Se quitó esta Visión que Dios pone para la Enseñanza y se vio un arroyo y un hombre que estaba parado, esperando que bebieran unas cabras, que alguna ayuda cogía de ellas, además del jornal que pocos días le faltaba por el cundir que su cuerpo daba. Este hombre no se quitaba el pañuelo de sus ojos por la abundancia de lágrimas.

Ya dijo uno:

Se han presentado dos casos donde hay que dar la ayuda con preferencia. En uno, para ayudar a llevar la carga al que grande carga lleva. Y otro, para achicar el sufrimiento donde el sufrimiento llega.

Si este hombre –otra vez se vio al hombre, pero con la mitad de carga que llevaba, porque dos que iban cerca le ayudaron a llevarla- llega a su casa con el peso que llevaba, no llega como llegó, que su familia notó alegría en sus palabras. Los chiquillos hicieron lumbre en la puerta de la casa y formaron una fiesta porque los hombres que le ayudaron también dinero le dejaron cuando soltaron la leña.

Desperté, oí:

Se ha hablado de la carga material, que si ayudas, grande alegrías das.

Pero es ayuda mayor ayudar al sufrimiento donde sufrimiento hay.

La carga de peso la van viendo por donde el que la lleva pasa, pero el sufrimiento del cabrero, si las lágrimas se secó, no las pudo ya ver nadie.

Las vio Dios que acudió a su llamada cuando Lo llamó diciendo:

“Señor, ¿qué va a ser de mí, si mi mujer me falta? ¿Quién va a cuidar de mis hijos sin dinero y siendo los dos chicos, que aún no hablan? Si cuando llegue a mi casa tuviera algún movimiento su cuerpo, dándome esperanza, yo Te ofrezco mi vida a cambio de que ella anduviera”.

Cómo haría este hombre el ruego que, cuando llegó a su casa, los chiquillos y la gente en la puerta le esperaban.

La mujer sintió una Voz diciéndole: “La enfermedad ya se ha ido. Prueba, verás como andas”.

Y puso los pies en el suelo sin que nadie le ayudara, que ya hacía cuatro años que sus pies no andaban.

Si puedes, pon un granito de ayuda en ayudar donde ayuda haga falta. Pero si ves sufrimiento, en vez de poner un granito de ayuda, haz que sea una montaña, porque Dios está presente en las dos ayudas, pero más Presencia hace donde caen lágrimas, si las lágrimas las echas en el pañuelo y en el Cielo pones tu mirada.

Las cabras bebían agua que el Cielo echaba, y sus ojos echaban agua y al Cielo a Dios llamaban.


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