miércoles, 24 de noviembre de 2010

Estas mujeres tenían duda de no estar perdonadas - Libro 86 - Hechos de Jesús Perdídos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo X - Pag. 45-46-47-48


En Sueño Profético decían:

El Amor descubre dónde el Amor espera.

Dijo uno:

Yendo yo un día a mi trabajo, vi a dos mujeres sentadas en una gran piedra que sujetaba las paredes de un pilón donde bebían los animales que por allí iban de camino. Fue verme estas mujeres y preguntarme:

-¿Pasa este camino con frecuencia?

Rápido contesté:

-¡Sí, llevo más de un año! ¡Desde que tengo este trabajo! ¡Y quiera Dios que me dure! Son cinco hijos los que esperan de mí el sustento, y mi mujer…, que bastante sufre por no poder venir conmigo, como antes, a trabajar; pero ahora hay uno, tan chico, que la mayor no lo entiende; un mes cumple hoy. Seguid preguntando, ya que os corté la palabra.

Dijo una:

-¡No…! Es que nos han dicho que por aquí pasa el Maestro y queremos tener certeza para no movernos de aquí. Nos han hablado tanto de Él, que hoy estamos dispuestas a Seguirlo, hasta oírle sus Palabras.

Fue oír varias voces y decir:

-¿Serán aquellos?

Fue terminar las palabras y sus rostros se cambiaron.

-¡Sí, éstos son!

Una a otra le decía:

-¿Lo llamas tú y Le pides que si quiere que detrás de todos vayamos?

Ya llegó el Maestro y no dejó que ninguna hablara. Él fue el que dijo:

-¿Por qué no habéis venido antes, ya que el Amor de mi Padre en Mí os tenía guardado el sitio? Vosotras queréis ir detrás, y mi Padre me manda por este camino para que ocupéis este sitio que viene vacío desde la salida del templo.

Y todos juntos, como iban, y sin ninguno moverse, quedó un amplio sitio al lado del Maestro. Todos miraron al Cielo, y todos oyeron:

-Amando a mi Hijo, siempre habrá sitio en la Tierra y os dará sitio en su Reino. Yo hablo Aquí en los Cielos, pero soy el mismo Dios que estáis viendo.

Desperté, oí:

Estas mujeres tenían duda de no estar perdonadas.

Pero siempre su ansiedad era saber del Maestro.

Luego, el Amor, superó el pecado que habían hecho.

Cuando del Maestro hablaban, llanto asomaba a sus caras.

Muchas veces se juntaron para ir a Buscarlo.

Cuando andaban unos pasos, pronto decían a la vez: ¡Debemos más tiempo esperarnos!

¡Ir nosotras, pecadoras, a ver al mismo Dios predicando…!

¡Ir para quitarle sitio al que siempre haya vivido adorando…!

¡No merecemos acercarnos a Dios y mirarle, a ese Dios que va diciendo para el que quiera salvarse!

El Grande Amor les dio sitio ya mandado por el Padre.

Y el Hijo con su Poder hace sitio sin verlo nadie.


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