lunes, 27 de junio de 2011

Cuando de Aquí me hablaron, ya dejé mi mal vivir - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 143-144-145-146


En Sueño Profético decían:

El mismo hombre se prohíbe saber de Dios. El hombre no debería dudar nada de Aquí, puesto que esta Gloria Dios la tiene para todo el que la quiera.

Esto es Casa del hombre, Lugar que tiene Dios para todo el que no quiera separarse de Él. Esta Casa es habitada por espíritus santificados: unos, sin haber conocido el pecado, y otros, siendo grandes pecadores.

Dijo una mujer:

Yo, cuando de Aquí me hablaron, ya dejé mi mal vivir.

Me retiré a donde nadie pudiera saber de mí; conté con mi familia para que dejaran de sufrir, pues los tuve en vida amarga desde los quince hasta casi llegar a los treinta.

Este que me habló de Aquí, iba visitando enfermos, y al enfermo al que se acercó, hacía rato que estaba yo allí.

Yo no conocía al enfermo,
pero pasé por allí.
Mi intención fue irme pronto,
pues mi sitio no era allí.

Me esperaban unas mozas
que tenían mal vivir.
Pero ya no podía irme,
cuando este hombre llegó,
y con un Amor tan grande
su pecho le destapó.

Tenía grandes heridas,
que del mal que tenía
de dentro le salían.

Contestó al verlo,
pues a ella el verla
no le contentaba:

¡Dios te bendiga, Juan!
Tus manos ya llevan Gloria,
y tus palabras,
aliento de Eternidad.

Dijo esta mujer:

Si me contestara a las palabras
que quiero preguntarle,
yo ya no pecaría más.

Contestó Juan, sin quererla mirar:

Toda la hermosura que tú tienes,
yo la veo “destrozá”.
“Destrozá” y sin medicamento
que te la pueda curar,
como no dejes el pecado
que a tantos hace pecar.

Ya que Dios te dio hermosura,
que no sea para tu mal.

Ven y recorre las camas
que yo vengo a visitar,
y después que las visites,
te arrepientes de pecar,
y te vas y buscas comida,
y la llevas a entregar,
y gastas allí el dinero,
que el pecado te iba a costar.

Desperté, oí:

Si ella no oye a Juan,
y Juan no habla de Aquí,
sigue ésta haciendo pecados,
y Aquí no puede venir.

Por eso seguro es
que al que Dios Aquí lo trae,
al que hable se lo trae.

Se lo trae y se confiesa
de los pecados que tenga.

Dios lo trae y ahí lo lleva,
no para que ahí le den penas.

El que esté pecando ahí,
si habla con él de Aquí,
asegura que se vuelve
Teresa, Juan o Agustín.

Yo era Juan de Dios,
por la gente que me vio.

La gente que me veía,
a mis enfermos seguía.

Grita que te habla Dios,
que a gritos piden perdón.

Piden el perdón a gritos,
y al enfermo buscarán
con deseos de curar.

JUAN DE DIOS


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